lunes, febrero 09, 2026
PANTAJERI Y LAS VISITADORAS
FIESTA DE CUMPLEAÑOS DE PRESIDENTE JERI FUE UN BURDEL, DENUNCIA PERÚ21
martes, febrero 03, 2026
HISTORIA POLITICA MUNDIAL. LO QUE NO QUIEREN QUE SEPAS
LA VERDAD SOBRE LIBIA
La ironía es devastadora, cruel, perfecta, pero aquí está la verdad que nadie quiere que sepas. La historia que te contaron sobre Gaddafi y Libia es solo una fracción de la realidad, una narrativa cuidadosamente construida para ocultar algo mucho más perturbador.
Si quieres descubrir cómo el país africano con el mayor
índice de desarrollo humano fue convertido en un estado fallido con mercados de
esclavos en menos de 8 meses, ¿y por qué las potencias mundiales necesitaban
que esto sucediera? Quédate, porque vamos a revelar verdades incómodas.
El desierto de Libia. Nace un niño en una tienda beduina. Su
nombre: Muamar el Gaddafi. No hay hospitales, no hay escuelas, no hay futuro.
Su padre es un pastor analfabeto en una de las regiones más pobres del planeta.
Libia, en ese momento, es una colonia italiana devastada por
la guerra. La esperanza de vida no supera los 44 años. El 90% de la población
no sabe leer ni escribir. Este niño descalzo en el desierto, sin embargo,
tendría acceso a algo que cambiaría su destino: educación. Las primeras
escuelas construidas después de la independencia de 1951 abrieron una ventana
microscópica de oportunidad.
Cada fila que atravesó fue un logro, pero la Libia
independiente era una farsa. El rey Idris, instalado por los británicos, era un
títere. El petróleo, descubierto en 1959, fluía hacia Occidente mientras los
libios morían de hambre. Las compañías extranjeras se llevaban el 70% de los
ingresos. El país nadaba en oro negro, pero su pueblo vivía en la Edad Media.
Gaddafi tiene 27 años, es capitán del ejército y está
furioso. En septiembre, mientras el rey Idris vacacionaba en Turquía, Gaddafi
lidera un golpe de estado incruento. Sin disparar una sola bala, toma el
control de Libia. Su mensaje es simple, pero poderoso:
—Libia será libre. El petróleo será nuestro. Construiremos
un país que haga temblar al mundo.
Los primeros años son revolucionarios. Literalmente. Gaddafi
nacionaliza el petróleo, expulsa a las bases militares británicas y
estadounidenses. Exige que las compañías petroleras paguen el 50% de las
ganancias, luego el 70%, después el 100%. Las corporaciones occidentales están
furiosas, pero Gaddafi tiene el poder y tiene el petróleo.
Y entonces comienza la transformación. Entre 1970 y 2010,
Libia experimenta el mayor aumento en calidad de vida de toda África. Los
números son innegables. La tasa de analfabetismo cae del 90% al 10%. La
esperanza de vida salta de 44 a 74 años. El PIB per cápita se dispara hasta
convertirse en el más alto del continente africano.
La educación se vuelve gratuita, la salud se vuelve
gratuita. Las parejas recién casadas reciben 50,000 dólares del gobierno para
comprar su primera vivienda. La electricidad es prácticamente gratis. El
combustible cuesta menos que el agua embotellada.
¿Un paraíso socialista? No exactamente, porque Gaddafi no
era solo un líder económico; era un megalómano con una visión mesiánica de sí
mismo.
Desde el principio dejó claro que la disidencia no sería
tolerada. En 1977 publica su “Libro Verde”, una mezcla extraña de socialismo,
nacionalismo árabe y filosofía personal que se vuelve lectura obligatoria en
todo el país. Quien lo critique, desaparece. Literalmente. Las ejecuciones
públicas comienzan en los años 70.
Opositores políticos son colgados en estadios deportivos
mientras las cámaras transmiten en vivo. El mensaje es simple: desafiar a
Gaddafi es morir, y morir de forma humillante. Pero aquí está el contexto que
nadie menciona. Gaddafi no estaba construyendo una dictadura común; estaba
construyendo una fortaleza contra el colonialismo.
Expulsa a la comunidad italiana que aún controlaba negocios
clave. Miles son deportados en 24 horas, sus propiedades confiscadas. Occidente
grita “violación de derechos humanos”. Gaddafi responde:
—¿Dónde estaban ustedes cuando Italia masacró a 100,000
libios durante la colonización?
Guerra árabe-israelí. Gaddafi financia a Egipto y Siria con
millones de dólares. Envía tropas, corta suministros de petróleo a Occidente.
Los precios se disparan. Las potencias occidentales lo añaden a su lista de
enemigos. Pero Gaddafi había descubierto algo poderoso: el petróleo era un arma
y él sabía cómo usarla.
Entre 1975 y 1985, los ingresos petroleros de Libia se
invierten de forma que ningún otro país africano se atreve. El “Gran Río
Artificial” comienza su construcción en 1983. Es el proyecto de irrigación más
grande del mundo: 4,000 kilómetros de tuberías que extraen agua fósil del
Sahara y la llevan a las ciudades costeras. Costo: 25,000 millones de dólares.
Financiado completamente con fondos propios, sin deuda externa. Gaddafi lo
llama “la octava maravilla del mundo”.
Occidente lo ignora, porque una África que resuelve sus
propios problemas sin préstamos del FMI es una África peligrosa.
Mientras tanto, Gaddafi cruza líneas que no debería cruzar.
Financia al IRA en Irlanda, a ETA en España, a las Panteras Negras en Estados
Unidos. Proporciona entrenamiento militar a grupos revolucionarios en América
Latina. Su argumento es que son luchadores por la libertad contra el
imperialismo. Para Occidente, son terroristas y Gaddafi es su patrocinador.
Estados Unidos tiene suficiente. Ronald Reagan ordena la
operación “Cañón El Dorado”. Cazabombarderos F-111 despegan desde Inglaterra y
bombardean Trípoli y Bengasi. Objetivo: matar a Gaddafi.
Resultado: 60 civiles muertos, incluida Hana, la hija
adoptiva de Gaddafi de 15 meses. Gaddafi sobrevive. El mundo espera que se
rinda. No lo hace.
El vuelo Pan Am 103 explota sobre Lockerbie, Escocia. 270
muertos. Dos agentes libios son acusados. Gaddafi niega responsabilidad, pero
el daño está hecho. Libia se convierte oficialmente en estado patrocinador del
terrorismo. Las sanciones económicas llegan, el aislamiento es total.
Pero esto era apenas el aperitivo, porque mientras Gaddafi
construía enemigos en Occidente, construía algo más peligroso en casa: un culto
a la personalidad absoluto. Su rostro está en cada edificio, su nombre en cada
escuela. Sus “amazonas”, un batallón de 40 guardias femeninas, lo protegen las
24 horas, los 7 días de la semana. Nadie puede acercársele, nadie puede
cuestionarlo.
La prisión de Abu Salim se llena de disidentes, miles de
prisioneros políticos. Las condiciones son infrahumanas y en 1996 sucede lo
impensable. Los prisioneros protestan, exigen derechos básicos, mejor comida,
llamadas telefónicas.
La respuesta de Gaddafi es escalofriante. Las tropas entran
a la prisión y abren fuego durante 3 horas continuas. 1,270 prisioneros son
asesinados en un solo día. Las familias no son informadas durante años. Los
cuerpos nunca son devueltos.
Este es el Gaddafi que el mundo conoce: brutal, despiadado,
paranoico. Pero lo que el mundo no sabe es que, mientras cometía estas
atrocidades, también estaba planeando algo que cambiaría a África para siempre.
Gaddafi ve esto y toma una decisión que cree que lo salvará:
cooperar. En diciembre de 2003, Gaddafi anuncia públicamente que desmantelará
su programa de armas de destrucción masiva. Entrega todo: armas químicas,
tecnología nuclear, centrifugadoras, planos; todo a cambio de una sola cosa:
protección. Reconocimiento internacional. La promesa de que si juega según las
reglas occidentales, podrá gobernar en paz.
Tony Blair visita Libia en 2004. Se dan la mano, sonríen
para las cámaras. “Un nuevo capítulo”, dicen los medios. Condoleezza Rice llega
en 2008. Gaddafi es rehabilitado. Las sanciones se levantan. Las compañías
petroleras regresan. Libia es bienvenida de nuevo en la comunidad
internacional.
Gaddafi cree que ha ganado. Cree que la cooperación lo protegerá.
Cree que entregando su única arma de disuasión ha asegurado su supervivencia.
Nunca hubo un cálculo más equivocado en la historia moderna, porque mientras
Gaddafi jugaba el juego de Occidente, estaba planeando algo que las potencias
mundiales no podían tolerar.
Gaddafi es elegido presidente de la Unión Africana y desde
esa posición propone tres iniciativas que sellarían su sentencia de muerte:
Primera: crear una moneda panafricana respaldada en oro. El
dinar de oro africano. Cada país africano comerciaría petróleo, minerales y
recursos usando esta moneda en lugar del dólar o el euro. África se liberaría
del sistema monetario occidental.
Segunda: establecer tres instituciones financieras africanas
independientes. Un Banco Central Africano en Nigeria, un Fondo Monetario
Africano en Camerún y un Banco Africano de Inversiones en Libia. Todo
financiado con los 150,000 millones de dólares del fondo soberano libio que
Gaddafi había acumulado en bancos occidentales.
Tercera: crear una red de telecomunicaciones satelitales
africana independiente. Los países africanos pagaban 500 millones de dólares
anuales a Europa por uso de satélites. Gaddafi ofreció financiar un satélite
africano que eliminaría esa dependencia.
¿Entiendes lo que esto significaba? África independiente
económicamente, África comerciando sin dólares, África sin deuda con el FMI,
África sin control occidental. Para las potencias mundiales, esto era una
amenaza existencial.
Pero Gaddafi no lo ve venir. Está demasiado confiado,
demasiado seguro. Ha entregado sus armas, ha cooperado. ¿Qué podría salir mal?
La Primavera Árabe comienza en Túnez, se expande a Egipto.
Hosni Mubarak, aliado de Occidente durante 30 años, cae en 18 días. Las
protestas llegan a Libia en febrero.
15 de febrero. Bengasi. Manifestantes salen a las calles,
demandan reformas. Algunos están armados, atacan estaciones de policía. Gaddafi
responde con fuerza, con declaraciones incendiarias:
—Limpiaré Libia casa por casa. Saldrán como ratas de sus
escondites.
Los medios occidentales tienen su titular: “Dictador
genocida ataca a manifestantes pacíficos”. Se habla de 10,000 muertos, de
bombardeos masivos, de crímenes contra la humanidad. Años después,
investigaciones independientes confirmarían que las cifras fueron masivamente
exageradas, que muchos manifestantes pacíficos eran combatientes armados y que
Gaddafi, aunque brutal, no estaba cometiendo genocidio.
Pero en marzo de 2011 la narrativa ya está establecida. 17
de marzo, el Consejo de Seguridad de la ONU aprueba la resolución 1973: zona de
exclusión aérea sobre Libia. El objetivo declarado: proteger civiles. Rusia y
China se abstienen confiando en que será una misión limitada.
19 de marzo. Francia lanza los primeros ataques aéreos.
Estados Unidos se une. Luego el Reino Unido, Italia, Canadá, la OTAN completa.
La zona de exclusión aérea se convierte en una campaña de bombardeo masivo.
26,000 ataques aéreos en 7 meses. No están protegiendo civiles, están
destruyendo un país. Bombardean palacios presidenciales, estaciones de televisión,
infraestructura eléctrica. El propio convoy de Gaddafi es atacado
repetidamente. Esto no es protección de civiles, es un cambio de régimen.
Y entonces sucedió lo que nadie esperaba. Gaddafi resistió
durante meses contra la mayor alianza militar del planeta. Pequeñas unidades
leales luchando casa por casa. Pero era inevitable. No puedes resistir
bombarderos B-2 con rifles Kalashnikov.
Agosto de 2011. Trípoli cae. Gaddafi huye hacia Sirte, su
ciudad natal, su última fortaleza. El cazador se había convertido en la presa.
Gaddafi intenta escapar de Sirte con un convoy de 50
vehículos. Es todo lo que queda de su ejército: soldados leales, algunos
familiares y el hombre que una vez controló miles de millones.
Un dron estadounidense Predator detecta el convoy.
Coordenadas transmitidas. Cazas franceses Rafale reciben la orden. Misiles
aire-tierra destrozan los vehículos en segundos. El convoy explota. Cuerpos por
todas partes. Humo negro cubriendo el desierto.
Gaddafi sobrevive al ataque inicial. Herido, sangrando,
gatea hacia una alcantarilla de drenaje cerca de la carretera. El líder que
vivió en palacios dorados se esconde en una tubería de concreto llena de
basura.
Los rebeldes lo encuentran minutos después. Lo arrastran
afuera. Las cámaras de los teléfonos móviles capturan todo, un video que se
volverá viral en horas. Gaddafi está cubierto de sangre, confundido, golpeado.
Alguien grita:
—¡Allahu Akbar!
Puños, patadas, culatas de rifle golpean su cabeza. Le arrancan
la camisa. Alguien lo sodomiza con una bayoneta. Gaddafi grita:
—¿Qué hice? ¿Qué les hice?
Palabras que resonarán en la historia. Una bala en la
cabeza. Termina todo. El hombre que gobernó durante 42 años muere en menos de
una hora después de ser capturado. Sin juicio, sin proceso, ejecutado
sumariamente mientras las cámaras graban cada segundo.
Su cuerpo es exhibido en un mercado de carnes en Misrata
durante 4 días. Miles hacen fila para ver al dictador caído. Toman selfies con
el cadáver. Es humillación absoluta, degradación completa.
Hillary Clinton, Secretaria de Estado estadounidense, recibe
la noticia durante una entrevista en vivo. Su respuesta, capturada en cámara:
—Vinimos, vimos, él murió. —Y se ríe.
La ironía final es devastadora. Gaddafi entregó sus armas
nucleares creyendo que la cooperación lo protegería. 8 años después, fue
bombardeado por las mismas naciones que prometieron paz. Corea del Norte e Irán
observaron esta lección: nunca entregaron sus programas nucleares.
Pero la verdadera tragedia no fue solo la muerte de Gaddafi,
fue lo que pasó después.
Libia antes de 2011: cero deuda externa. PIB per cápita más
alto de África. Educación universitaria gratuita, incluso para estudiar en el
extranjero. Atención médica gratuita. Electricidad subsidiada. 50,000 dólares
para parejas recién casadas. Reservas de oro y divisas por 150,000 millones de
dólares.
Libia después de 2011: estado fallido. Tres gobiernos
compitiendo por el poder. Milicias terroristas controlando ciudades enteras.
ISIS establece su centro de operaciones en Sirte. En 2017, investigaciones de
la CNN documentan mercados de esclavos abiertos donde africanos subsaharianos
se venden por 400 dólares. 400 dólares por un ser humano en el país que fue el
más próspero de África.
Más de 400,000 muertos. Millones de refugiados cruzando el
Mediterráneo en botes improvisados, miles ahogándose. La crisis migratoria
europea tiene un epicentro: Libia destruida.
El petróleo, por supuesto, fluye sin interrupciones hacia
Occidente, ahora sin las demandas de Gaddafi de compartir ganancias, sin
nacionalizaciones, sin fondos soberanos africanos. Las corporaciones
recuperaron lo que era suyo. El dinar de oro africano nunca existió. El Banco
Central Africano nunca se construyó. Los millones de dólares desaparecieron en
la niebla de la guerra.
África sigue dependiendo del dólar, sigue endeudada con el
FMI, sigue siendo el continente más rico en recursos y más pobre en desarrollo.
Bashar Al-Ásad de Siria observó todo esto. Cuando la guerra
civil llegó a Damasco, se negó a rendirse, se aferró a sus armas químicas,
llamó a Rusia, porque entendió la lección que Occidente enseñó: si entregas tus
armas, terminas en una alcantarilla rogando por tu vida.
Entonces, ¿cuál es la verdad que no quieren que sepas?
Gaddafi era un dictador brutal. Eso es innegable. Cometió crímenes, torturó
opositores, ejecutó disidentes. Pero esa no fue la razón de su destrucción,
porque el mundo está lleno de dictadores brutales que mueren de viejos en sus
camas. Arabia Saudita, Egipto bajo Al-Sisi, múltiples regímenes africanos.
La diferencia es que Gaddafi intentó independencia económica
real. Intentó crear un sistema africano fuera del control occidental y por eso
fue destruido.
Esta no es una defensa de la tiranía, es una llamada a cuestionar
las narrativas. Cuando te digan que una intervención militar es humanitaria,
pregunta quién gana económicamente. Cuando bombardeen un país para salvar
civiles, pregunta: ¿por qué ese país específico y no otros con peores
violaciones de derechos humanos? La respuesta siempre está en los recursos, en
el control, en el poder.
Si esta historia te hizo pensar, te hizo cuestionar, ya
sabes qué hacer. Estas historias no las cuentan en los libros de texto. El
próximo relato será sobre Thomas Sankara, otro líder africano asesinado después
de desafiar al FMI y al Banco Mundial. La historia se repite, pero solo si
seguimos ignorándola.
jueves, enero 15, 2026
COLOMBIA ASESTA DURO GOLPE A EEUU
EL
ESCUDO LOGÍSTICO SOBERANO
Amigos, si creían que habían visto todo en cuanto a giros geopolíticos en América Latina, prepárense porque lo que acaba de ocurrir en Bogotá en las últimas 72 horas no es simplemente un movimiento diplomático, es la reconfiguración más radical del equilibrio de poder en el hemisferio occidental desde la crisis de los misiles de 1962.
Y déjenme explicarles por qué esto, que parece una simple
disputa comercial entre Colombia y Estados Unidos, es en realidad el momento
preciso en que el sur global dejó de pedir permiso y empezó a construir su
propio sistema de seguridad económica, dejando a Washington en una posición que
ningún estratega del Pentágono había contemplado en sus peores escenarios,
porque Gustavo Petro acaba de hacer algo que ningún líder latinoamericano se
había atrevido a hacer en un siglo, convertir la agresión económica
estadounidense en una oportunidad para acelerar la integración con las
potencias emergentes de Asia y lo ha hecho de una manera tan brillante, tan
quirúrgicamente precisa, que ha dejado a la Casa Blanca sin ninguna respuesta
viable. que no implique autodestruirse en el proceso.
Para entender la magnitud de lo que está sucediendo,
necesitamos retroceder apenas una semana cuando Donald Trump, en su típico
estilo de matón de patio escolar decidió que iba a castigar a Colombia por su
negativa a aceptar vuelos de deportación sin garantías de derechos humanos. Y
la respuesta de Washington fue inmediata y brutal. bloqueo total a las
importaciones colombianas, congelamiento de cuentas en bancos estadounidenses,
prohibición de exportar dólares a Colombia y la amenaza implícita de sanciones
secundarias a cualquier país que comerciara con Bogotá. Era el manual clásico
de la asfixia económica que Estados Unidos ha usado exitosamente durante
décadas contra Cuba, contra Venezuela, contra Irán.
La receta siempre había funcionado porque el poder del dólar
como moneda de reserva mundial significaba que cuando Washington cerraba el
grifo financiero, el país objetivo entraba en pánico, su moneda se desplomaba,
la inflación se disparaba. aparecía el desabastecimiento y en cuestión de
semanas o meses el gobierno acorralado tenía que capitular y aceptar las
condiciones que le impusieran desde el norte, pero algo ha cambiado
fundamentalmente en la arquitectura económica global y Gustavo Petro lo
entendió con una claridad que ha tomado por sorpresa a toda la comunidad de
inteligencia estadounidense porque en lugar de entrar en pánico, en lugar de
enviar emisarios a Washington a suplicar por misericordia, el gobierno
colombiano hizo exactamente lo contrario. Convocó una cumbre de emergencia con
China, Brasil, México y los países de la CELAC.
Y en menos de 48 horas había construido lo que están
llamando la Alianza del Escudo Logístico
Soberano, un mecanismo de integración comercial y financiera. que
básicamente saca a Estados Unidos de la ecuación y lo reemplaza con actores que
están más que felices de ocupar ese espacio. Déjenme explicarles cómo funciona
esto porque es absolutamente genial desde el punto de vista de la economía
política y demuestra que alguien en Bogotá ha estado estudiando muy bien las
lecciones de la multipolaridad emergente.
Continuación en los comentarios ![]()
![]()
https://news1.metacorepc.com/richard-wolff-colombia-crea.../
LA NUEVA DOCTRINA DE LA GEOPOLÍTICA ESTADOUNIDENSE
EL BRUTALISMO
Por: Ignacio
Ramonet
RT 14 de enero de 2026
Después del ataque contra Venezuela y el secuestro del
presidente Nicolás Maduro y de su esposa Cilia Flores, Donald Trump y su asesor de seguridad nacional Stephen Miller han
redefinido la doctrina de Estados Unidos en materia de política exterior:
imperialismo brutal.
Trump despreció las normas del
orden mundial posterior a la Segunda Guerra Mundial, que Estados Unidos
contribuyó a establecer, y las calificó de “carga innecesaria”. “La fuerza nacional –enfatizó– y no los
tratados, debe ser el factor decisivo en la geopolítica.”
2. Stephen
Miller, asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca, en una entrevista
reciente en CNN declaró: “El mundo real
se rige por las ‘leyes de hierro’ de la fuerza y el poder, más que por
protocolos internacionales. Vivimos en un mundo en el que puedes hablar
todo lo que quieras sobre sutilezas internacionales y todo lo demás, pero
vivimos en un mundo, el mundo real, que
se rige por la potencia, que se rige por la fuerza, que se rige por el poderío.
Estas son las leyes de hierro del mundo desde el principio de los tiempos”.
-
Desde los muros fríos del encierro, donde la voz parece apagarse, se levantó una palabra encendida: “¡Viva el Perú!” Era Pedro Castillo, el ...
-
Por Gustavo Espinoza Montesinos Singular algarabía ha suscitado en los predios de la Mafia peruana la victoria electoral de José Antonio K...



