Ámbito Perú

lunes, junio 01, 2026

 ¿POR QUÉ ARDE BOLIVIA?

Chantal Liégeois

Tres semanas de movilizaciones contra el ajuste de Rodrigo Paz tienen al país en una fase crítica, con medio centenar de bloqueos y un saldo de siete muertos. Las claves de una revuelta popular que, tras el colapso del MAS, todavía carece de dirección unificada.

Está a la venta nuestro undécimo número, “La libertad guiando al pueblo”. La suscripción a la revista también te garantiza el acceso a material exclusivo en la página.

Ya pasaron tres semanas desde el inicio de las movilizaciones y la revuelta popular en Bolivia entra en una fase crítica. La noche del 20 de mayo, el presidente Rodrigo Paz dio una conferencia de prensa de cincuenta minutos con el objetivo de calmar los ánimos. Apeló al diálogo con los distintos sectores sociales y anunció algunas medidas. Mencionó cambios en su gabinete (que no especificó) y un corredor humanitario para transportar alimentos y combustible a la capital. También propuso un comité económico y social mensual con representantes de los movimientos sociales. Ninguna solución concreta para resolver el conflicto.

Tras dos días de relativa calma en las calles de la capital, el 21 de mayo la Central Obrera Boliviana (COB) convocó una gran marcha «por la democracia» en La Paz, que reunió a una multitud inmensa. El mapa del conflicto se desplazó: lo que se concentraba en La Paz se extiende ahora a todo el país, con cerca de cincuenta puntos de bloqueo en las principales rutas, que paralizan el tránsito interdepartamental. Desde comienzos de mayo, Bolivia es escenario de luchas contra el gobierno de Rodrigo Paz Pereira, en el poder hace apenas seis meses. Asistimos a una nueva escalada de las tensiones sociales, con movilizaciones masivas y bloqueos de rutas, el cerco a La Paz y, ahora, el pedido de renuncia del presidente.

El conflicto comenzó en abril con una gran marcha de campesinos e indígenas que partió de la región amazónica del norte del país contra la Ley 1720. Esa norma permite transformar la pequeña propiedad agrícola en propiedad de mediana extensión y usarla como garantía hipotecaria, con el fin de ampliar el mercado de tierras para el agronegocio. Después de veinticuatro días de movilización, la marcha consiguió la derogación parcial de la ley: una primera victoria importante frente a los proyectos del gobierno y la voracidad del agronegocio.

El 1 de mayo, la COB convocó una huelga general y se montaron quince bloqueos en distintas rutas del departamento de La Paz, lo que dificultó el tránsito y perturbó el abastecimiento de la capital. El frente de movilización reúne a campesinos e indígenas, a la COB, a los mineros (FSTMB) y las cooperativas mineras, al magisterio, a los trabajadores del transporte público, a las juntas vecinales de El Alto, al estudiantado, a los «ponchos rojos» aimaras, al personal de salud, a pequeños comerciantes urbanos y a los cocaleros del Chapare y de los Yungas. Todos presionan al gobierno para que derogue las medidas de austeridad de los últimos meses y resuelva la persistente escasez de gasolina y diésel, en un contexto de fuerte aumento del costo de vida. El descontento pasó de los reclamos locales a un sentimiento antigubernamental más general, que exige la renuncia del presidente.

El gobierno y la embajada de Estados Unidos, secundados por los medios, presentan todo esto como «el conflicto de Evo», que estaría manipulando a las masas. En los hechos, cada sector tiene sus propias reivindicaciones. La COB se opone al cierre de las empresas públicas y exige un aumento salarial del 20 %. El magisterio reclama más presupuesto para la educación. El transporte pesado pide combustible de calidad y una indemnización por los daños que causó la gasolina adulterada. Sectores próximos a Evo también se movilizaron para reclamar el fin de procesos judiciales que consideran injustos. Quienes hoy se manifiestan y piden la renuncia de Paz son los mismos que lo votaron en octubre de 2025, convencidos por sus promesas de «capitalismo para todos».

Seis meses de gobierno neoliberal

Cuando Rodrigo Paz asumió en noviembre de 2025, encontró un país con una inflación del 20,4 % y un déficit fiscal del 12 % del PBI, con las reservas internacionales en mínimos históricos. Un país productor de petróleo y gas que importa más del 80 % del diésel y el 60 % de la gasolina que consume. Un Estado débil, muy dependiente del gran capital, golpeado por la crisis económica heredada del gobierno de Luis Arce (2020-2025) y por el fin del ciclo político del Movimiento al Socialismo (MAS). La disputa interna entre Arce y Evo Morales se tradujo en un voto castigo contra el MAS, que gobernó durante dos décadas.

El gobierno de Paz, visto por la mayoría en las últimas elecciones como una opción de derecha moderada frente al candidato conservador Tuto Quiroga, reveló su subordinación de clase al proponer un programa económico al servicio del gran capital (los empresarios mineros y del agronegocio) y de las transnacionales. Apenas iniciado su mandato, anunció el restablecimiento de las relaciones oficiales con Estados Unidos y la reapertura de la embajada estadounidense en La Paz, el restablecimiento de las relaciones con Israel (rotas en 2023 por el genocidio en Gaza) y contratos sobre el litio con empresas transnacionales.

Dentro del paquete de austeridad (DS 5503) figura una medida radical: la supresión de los subsidios a los combustibles, vigentes hacía más de dos décadas, que elevó los costos del transporte y, con ellos, de todos los productos, y sostuvo la inflación en niveles altos. Ante la escasez de combustible, el gobierno importó carburantes de mala calidad que, además de caros, dañaron miles de vehículos. También aprobó la ley de incentivos fiscales (DS 5563) para la inversión extranjera, orientada a facilitar la cesión de recursos naturales (minerales como el litio, energía e infraestructura) a las transnacionales. Obtuvo préstamos externos para saldar deudas antiguas y recapitalizar los bancos. La inflación, al comienzo controlada, resurgió. Además, flexibilizó los mecanismos de fiscalización ambiental y comunitaria.

Frente a un Estado quebrado por la mala gestión y la corrupción, la receta neoliberal que Paz intenta aplicar es conocida: reducir al máximo el gasto del Estado y sus obligaciones sociales (educación, salud, transporte público) y trasladar el peso de la crisis a la clase trabajadora, al tiempo que favorece al capital.

La Ley 1720, anticampesina y antiindígena

Con el pretexto de facilitar el acceso al crédito de los pequeños productores, la Ley 1720, promulgada el 17 de abril, permite transformar la pequeña propiedad agrícola (hasta ahora protegida por la Constitución como patrimonio familiar inembargable) en una propiedad de mediana extensión susceptible de crédito, mediante la modificación de la Ley INRA que define el régimen de tierras. Esto implica una precarización de la pequeña propiedad, que podrá funcionar como garantía hipotecaria y abre el camino a la mercantilización de la tierra. La norma se conoce también como ley Marinkovic, por el gran terrateniente, hoy senador, que la impulsó y que se apropió de 33.000 hectáreas en la Chiquitania durante el gobierno de facto de Áñez, en 2020.

En Bolivia, el 50 % de la población rural vive en la pobreza, y la agricultura familiar produce el 87 % de la canasta básica y emplea al 89 % de la mano de obra rural. La ley prevé además congelar por diez años los mecanismos de verificación de la función económica y social de la tierra, es decir, dejar de controlar su uso, lo que acelera el mercado privado de tierras.

La medida afecta de modo indirecto a los territorios indígenas: cercados por grandes propiedades agroindustriales que practican el monocultivo con pesticidas y una deforestación acelerada, ven dañado su entorno. La Constitución exige consultas previas antes de adoptar este tipo de medidas, y esas consultas nunca ocurren. Por eso las comunidades indígenas y campesinas recurrieron a su método tradicional de lucha: marchar a la capital para exigir la derogación.

Para las comunidades campesinas y los pueblos indígenas, el territorio es todo: el lugar donde se nace y se vive, donde se produce y se resiste, donde la vida y la cultura se perpetúan. Marchas de casi mil kilómetros partieron de la Amazonía boliviana hacia La Paz, mientras los bloqueos cercaban la capital administrativa. Después de veinticuatro días, lograron que el Parlamento aprobara la derogación parcial de la Ley 1720, con la posibilidad abierta de que se reintroduzca más adelante. Es, en lo fundamental, una primera gran victoria frente al gobierno.

Las respuestas del gobierno al conflicto

Frente al conflicto, el gobierno de Paz reaccionó por tres vías.

La primera fue negociar acuerdos para dividir el movimiento, con concesiones a algunos de los sectores movilizados. Negoció con el importante sector de las cooperativas, que logró anular una deuda de 95 millones de bolivianos con la Caja Nacional de Salud y conservar el subsidio al combustible para su actividad. También negoció con el magisterio y con la COR de El Alto, y firmó un acuerdo con los dirigentes de los «ponchos rojos» de La Paz. Esos sectores se retiraron de a poco del conflicto. En algunos casos, las bases repudiaron a sus líderes por haber firmado.

La segunda fue la represión severa contra manifestantes y bloqueadores. Ya se cuentan cuatro muertos, además de heridos y numerosos detenidos. El gobierno dictó órdenes de detención contra los principales dirigentes de la COB, como Mario Argollo. Envió al ejército a levantar los bloqueos: las fuerzas militares lo intentaron el domingo 18 de mayo y, ante la resistencia, la policía y el ejército retrocedieron y volvieron a sus cuarteles. El gobierno recibió apoyo en material represivo de otros gobiernos neoliberales, como los de Argentina y Ecuador, con químicos antidisturbios para la policía. La OEA e Israel se pronunciaron a favor de Paz. El presidente colombiano Gustavo Petro se ofreció como mediador del conflicto social, y Paz lo acusó de injerencia en los asuntos internos: los dos países interrumpieron sus relaciones.

La tercera fue una intensa campaña de propaganda, del gobierno y del imperialismo, que atribuye las protestas a Evo Morales y al narcotráfico para alimentar la idea de una desestabilización nacional. La prensa burguesa boliviana y extranjera difunde con amplitud ese discurso, que coincide con la justificación de las intervenciones militares estadounidenses en el cono sur. Que las movilizaciones sean fruto de una conspiración de Evo no lo cree nadie, ni siquiera los círculos conservadores. Ese relato sirve igual para aumentar la presión y para amenazar con una futura captura del expresidente. El vocero presidencial, José Luis Gálvez, insistió en que hay políticos que buscan tomar por la fuerza lo que no ganaron en las urnas y sostuvo que el gobierno no permitirá que el narcotráfico se apodere del país ni que Bolivia quede rehén de políticos del Chapare aliados al tráfico de drogas.

El expresidente Evo Morales (2006-2019) es hoy objeto de órdenes de detención y de un proceso judicial por trata de menores, acusaciones que denuncia como persecución política. Permanece en la región del Chapare (Cochabamba), principal bastión cocalero del país, protegido por un grupo de militantes, mientras miles de simpatizantes denuncian un intento de eliminar su influencia política. En su programa semanal en la radio Kawsachun Coca, Morales propuso elecciones en noventa días para pacificar Bolivia, con el argumento de que el gobierno carece de capacidad para gobernar. Sectores afines a Evo y de la COB respaldaron la propuesta; el presidente la rechazó de plano.

Noticias de último momento

La cuarta semana de movilizaciones será decisiva. La escasez de productos de primera necesidad, medicamentos e insumos se agrava por los bloqueos y la falta de combustible. La manifestación del lunes 25 de mayo, convocada por la COB y la Central Sindical Campesina, reunió a miles de manifestantes y campesinos llegados de todas las provincias del departamento de La Paz, que después regresaron a sus comunidades.

El 26 de mayo, la Cámara de Diputados aprobó una nueva ley que deroga la Ley 1341 de 2020 sobre el estado de excepción, que acotaba su aplicación con plazos específicos y un control legislativo más estricto. La nueva norma le permite al gobierno declarar con mayor facilidad el estado de excepción (previsto en la Constitución), intensificar la represión sin aval del parlamento y movilizar a las Fuerzas Armadas contra las manifestaciones y los bloqueos.

El riesgo de detención se confirma para Evo en el mediano plazo. En una conferencia del 24 de mayo, Paz declaró que el expresidente terminará siendo llevado ante la justicia y que ese es un compromiso de su gobierno. Es probable que eso ocurra recién tras la resolución de la crisis, para no echar más leña al fuego. Conviene recordar que Paz adhirió a la iniciativa estadounidense «Escudo de las Américas», en cuyo marco Estados Unidos y doce países latinoamericanos habilitan la intervención militar de Washington contra el narcotráfico.

El 27 de mayo, el gobierno organizó el primer encuentro del Consejo económico y social con representantes de los movimientos sociales, en un intento de abrir más el diálogo. La Iglesia católica se puso a disposición del Comité Cívico de Santa Cruz para mediar en las negociaciones con los sectores movilizados. En contacto telefónico con Paz, el presidente Lula pidió respeto por las instituciones democráticas y dispuso el envío de ayuda humanitaria a Bolivia.

¿Qué perspectivas tiene el conflicto?

Este conflicto muestra que el gobierno no cuenta con apoyo social de base. La burguesía lo sostiene por falta de alternativa. La clase media urbana y, en particular, su juventud (los «pititas», que tuvieron un papel destacado en el conflicto de 2019) no logró por ahora unificarse. El agronegocio de Santa Cruz está a favor de Paz y no moviliza. Hay un deterioro real y veloz de la legitimidad del presidente, que había prometido estabilidad y recuperación económica, expectativas falsas e imposibles de cumplir. En cierto modo, Paz es víctima de su propio juego.

El gobierno no descarta decretar el estado de sitio, y a la vez no quiere sumar desprestigio. Está en un callejón sin salida. La dinámica del conflicto sigue abierta: varios sectores volvieron a sus bases y otros se sumaron a la movilización, que se mantiene bajo la dirección de la COB y se expande por el país, en coordinación con sectores que tienen sus propias agendas regionales y locales.


Tras el reciente colapso del MAS, el movimiento popular boliviano carece de una dirección unificada que oriente la construcción de nuevas propuestas políticas. Las movilizaciones actuales, y la larga tradición de lucha de clases en Bolivia (de la revolución obrera de 1952 a las guerras del agua y del gas), siempre reservaron sorpresas y mostraron un carácter profundamente antiimperialista, junto a una enorme capacidad de resistencia y recuperación. De esas luchas deberán surgir los liderazgos para construir un nuevo bloque político en el escenario pos-Rodrigo Paz. Hace falta una nueva generación capaz de unir a los sectores sociales en torno a un proyecto nacido de la base y controlado por ella, un bloque político con propuestas renovadas, de orientación antiimperialista y anticapitalista. <>

domingo, mayo 31, 2026

VERGONZOSA PARCIALIZACIÒN DE LA PRENSA PERUANA

 EN CAMPAÑA

Ahora la llamada “prensa chocha” está dedicada frenéticamente a hinchar por Fuerza Popular. ¡todo vale en el empeño!

Eloy Marchán

En HILDEBRANDT EN SUS TRECE Nº 784, 29MAY26

L

a prensa limeña ha vuelto a las andadas. Como en el 2021, hace campaña por Keiko Fuji­mori y trata de destruir a su adversario. “El Comercio” ha improvisado una “Unidad de Investigación” dedicada exclusivamente a escarbar en el pasado de Roberto Sán­chez y su entorno.

RPP presenta como “analista independiente” al asesor ex­tranjero que tiene la candidata de Fuerza Popular, mientras que Panamericana Televisión invierte todos sus esfuerzos en advertir que las “garras del comunismo” atraparán el país de ganar Sánchez.

“Juntos por el Perú choca con su propio plan económi­co”, “Roberto Sánchez no se desmarca de Antauro y habla de la salida de Julio Velarde”, “El plan económico de Juntos por el Perú repite las recetas fallidas de Venezuela y Bolivia”, “Carranza expone peligros e incongruencias en el plan de JP” y “Antauro Humala asegura que mantiene alianza con Sánchez y minimiza a Francke”. Son los cinco titulares que esta última se­mana “El Comercio” le dedicó al “adversario”.

En su interior el decano no disimula. Ocho de los últimos quince editoriales del diario que todavía le pertenece a la familia Miró Quesada han sido contra Sánchez.

El del viernes 22 se tituló “No es moderación, es artima­ña”. El del domingo último fue un ataque a Sánchez por pro­mover el cambio de la Constitu­ción. El del martes, post debate técnico, acusó a Juntos por el Perú de tener “doble discurso”. Y el del último miércoles dijo que Sánchez le tiene miedo a Antauro Humala.

Y cuando no son editoria­les, son reportajes de la “Uni­dad de Investigación” con “destapes” sobre Sánchez o su circulo. El miércoles 21 presentaron un informe cuyo titular decía que los cuatro ase­sores más cercanos del candi­dato presidencial de JP tenían un “oscuro historial”.

Tres de los consejeros de Sánchez tenían sus carpetas fiscales archivadas. Del cuarto, Pablo Quiroz Vásquez, jefe de campaña de JP en Lima, afir­maron que tenía “una acusa­ción por violencia” del 2020. ¿Cuál fue el acto de violencia de Quiroz? Llamar “payaso” a un ciudadano venezolano.

El terruqueo ha servido de coartada para apoyar la candidatura de Fujimori. El 21 de abril, cuando se sabía que Sánchez iba a ser el rival de Fujimori, su “Unidad de Investigación” sacó una nota titulada ‘Vicepresidenta de Roberto Sánchez tiene pro­ceso en curso en la fiscalía antiterrorismo”.

La víctima de “El Comercio” es Brígida Curo y la carpeta fiscal a la que referían fue la que se abrió porque, como dirigente de la Federación de Campesinos de Puno, parti­cipó de las protestas contra el régimen de Dina Boluarte.

Los Miró Quesada también están usando las redes socia­les de sus diarios para hacer campaña por el fujimorismo. Desde hace dos semanas es­tán subiendo videos de los columnistas de “El Comercio” pidiendo votar por Fujimori. La campaña se llama “Lo que se juega el Perú” y ya han des­filado Federico Salazar, Jaime de Althaus, Élmer Cuba y Adriana Tudela.

La línea de “El Comercio” la siguen los otros diarios del holding. “Correo” lleva una semana entera sacando por­tadas contra Sánchez. En su primera plana del domingo dijeron que el candidato de JP se está poniendo el “disfraz de cordero para ganar votos”. En la portada de ayer jueves acusaron a JP de querer dividir al país.

Hasta “Gestión” y “Trome”, tabloides que no son políticos, están en la campaña pro-Fujimori.

Ayer jueves “Gestión” tituló que las inversiones están en pausa por la posibilidad de que gane Sánchez. El lunes titu­laron que las propuestas en agroexportadón de JP ponen en riesgo 900 mil empleos, lo que es una extravagante in­exactitud.

Desde hace un mes “Trome” pone en portada de su edi­ción de domingo a un entre­vistado para que hable mal de Sánchez. El último domingo fue Carlos Espá diciendo que Sánchez traerá el comunismo y la miseria para el Perú. El anterior fue Víctor Andrés García Belaunde diciendo: “Sánchez y Antauro son tóxicos y vene­nosos”.

La obsesión de “Perú 21” y de su directora Cecilia Valen­zuela se llama Antauro Humala. Solo en la última semana Valenzuela ha puesto en por­tada cinco veces al autor del “Andahuaylazo”. La primera plana más irreverente fue la del sábado, donde querían dar a entender que Sánchez envió al Vaticano al excanciller Manuel Rodríguez Cuadros para que consiga el apoyo del Papa León XIV. También señalaron que el catolicismo de Sánchez era una farsa porque él prego­na la “religión Tawantinsuyana” de Antauro.

La campaña de los Miró Quesada y Valenzuela por Fujimori ha convertido a “Expreso” en un diario mo­derado. “Expreso” solo ha dedicado dos portadas en la última semana contra Sánchez y ha abordado temas como el “fraude electoral”, el caos en el TC y el fenómeno de El Niño.

El pasado viernes 15 este semanario publicó en portada que Keiko Fujimori tenía como nuevo asesor al cubano nortea­mericano Carlos Díaz-Rosillo. Cuatro días después RPP tuvo en su programa estelar “Am­pliación de noticias” a Díaz-Rosillo y lo presentó como un analista independiente.

Díaz-Rosillo, como era de esperarse, se la pasó alaban­do a Fujimori y atacando a Sánchez. “Sánchez quiere una economía parecida a la cubana y venezolana”, dijo el estadounidense. “Yo creo que hay que ver mucho la persona­lidad de Keiko. Es una persona que ha dado la cara a pesar de que fue acusada injustamen­te”, añadió.

Díaz-Rosillo se paseó luego por Canal N donde repitió el mismo estribillo.

El domingo del debate téc­nico, Diana Seminario tuvo como invitado al economista pinochetista Carlos Adrianzén, quien tuvo que reconocer que Pedro Francke y Gustavo Guerra García tuvieron un mejor manejo, pero a continua­ción dijo: “¿A qué juegan? ¿A engañar o realmente el señor Sánchez va a firmar casi de ro­dillas una hoja de ruta? Sus patrones no lo van a dejar”.

“Panorama”, el dominical de Panamericana Televisión, el canal de Jimmy Pflucker, está exclusivamente dedicado a atacar a Sánchez. Paname­ricana, incluso, ha montado un programa llamado “Pulso Electoral”, conducido por. el atrabiliario Hugo Guerra. Guerra, exsubdirector de “El Comercio” y recordado por manipular en el 2016 un audio del piloto Jesús Vásquez para beneficiar a Keiko Fujimori, se la pasa atacan­do a Sánchez y diciendo que tiene vínculos orgánicos con Movadef.

“Cuarto Poder” también está alineado. El domingo pasado hicieron un informe sobre los candidatos a vice­presidentes, donde atacaron a las de Sánchez y limpiaron a Luis Galarreta de la denuncia por comprar ocho inmuebles mientras fue congresista.

Punto Final”, cuya Uni­dad de Investigación solía sacar buenas primicias, ha hecho reportajes mostrando a Fujimori como la “candidata del diálogo” y entrevistando a los ciudadanos que no votaron por ella, pero que en la segun­da vuelta marcarán la K.

El legendario periodista Edmundo Cruz señala que la cobertura que estamos viendo de los grandes medios es “ses­gada y contradictoria” y busca favorecer a la candidata de los grupos de poder.

Estamos en un momento muy parecido a los noventa. La campaña no es solo con­tra la verdad, sino contra el honor de las personas. Todo esto me hace recordar a los diarios chicha. Ahora los me­dios tienen un alcance mayor y más rápido. Estamos ante una situación perversa”, dice el ganador del Premio María Moors Cabot.

Cruz señala que en el caso de la minería ilegal sirve para ejemplificar cómo los grandes medios usan el tema sólo para atacar a Sánchez: “Lo critican porque dicen que está cerca de la minería ilegal, pero no dicen que Keiko Fujimori desde el Congreso ha promovido esa actividad”.

“Todo esto obedece a una campaña intencional que contradice los principios básicos del periodismo, de informar con verdad y co­herencia”, dice Cruz. <>

sábado, mayo 30, 2026

ECON0MIA Y SOCIEDAD

 ¿CÓMO CRITICAN LOS ECONOMISTAS AL NEOLIBERALISMO?

Helbert Rondón Castro

Cuando se habla de neoliberalismo, muchas veces el debate se vuelve ideológico y aparecen caricaturas de ambos lados. Sin embargo, varios economistas muy reconocidos han formulado críticas serias y técnicas que vale la pena conocer.

Lo primero que hay que entender es que la mayoría de estos críticos no están en contra de los mercados. De hecho, muchos reconocen que los mercados son herramientas poderosas para generar riqueza, innovación y crecimiento. Lo que cuestionan es la idea de que los mercados, por sí solos, siempre conduzcan al mejor resultado posible para la sociedad.

Uno de los temas más discutidos es la desigualdad. El premio Nobel Joseph Stiglitz sostiene que los mercados reales están lejos de las condiciones ideales descritas por algunos modelos económicos. Las diferencias de información, de acceso al crédito y de poder económico permiten que ciertos grupos capturen una parte desproporcionada de los beneficios del crecimiento. Por ello, una economía puede expandirse y, al mismo tiempo, producir una distribución cada vez más desigual de la riqueza.

Otro economista que ha contribuido a este debate es Thomas Piketty. Su investigación histórica sobre la distribución del ingreso lo llevó a concluir que, en ausencia de mecanismos correctivos, la riqueza tiende a concentrarse. Su famosa tesis es que cuando la rentabilidad del capital supera persistentemente el crecimiento de la economía, quienes ya poseen grandes patrimonios aumentan su participación en la riqueza nacional más rápido que el resto de la población.

La estabilidad financiera constituye otro punto central de crítica. El economista Hyman Minsky argumentaba que los mercados financieros son inherentemente inestables. Según él, los períodos prolongados de prosperidad generan optimismo excesivo, lo que lleva a empresas e inversionistas a asumir riesgos crecientes. En consecuencia, las crisis no son accidentes excepcionales sino fenómenos que pueden surgir de la propia dinámica del sistema financiero.

Pero quizás una de las críticas más interesantes proviene de Dani Rodrik. Rodrik cuestiona la idea de que exista una fórmula universal de desarrollo basada únicamente en la liberalización económica. Al estudiar la experiencia de numerosos países, observó que aquellos que lograron industrializarse con éxito —desde Europa occidental hasta varios países asiáticos— combinaron mercados con una intervención estatal significativa.

Rodrik suele insistir en que los mercados necesitan instituciones. Los derechos de propiedad, los tribunales, los sistemas educativos, las agencias reguladoras y las políticas públicas no son elementos externos al mercado; son condiciones que permiten que el mercado funcione. En una frase que resume buena parte de su pensamiento, podría decirse que no pregunta "¿más mercado o más Estado?", sino "¿qué combinación institucional permite que los mercados generen prosperidad compartida?".

Un ejemplo que Rodrik menciona frecuentemente es el de los llamados "tigres asiáticos", especialmente Corea del Sur y Taiwán. Estos países no se desarrollaron mediante una aplicación pura de principios neoliberales. Sus gobiernos protegieron industrias estratégicas, promovieron exportaciones, dirigieron crédito e invirtieron fuertemente en educación y tecnología. Para Rodrik, la historia económica muestra que el desarrollo exitoso suele ser el resultado de una colaboración compleja entre Estado y mercado.

Una crítica relacionada proviene de Mariana Mazzucato. Ella sostiene que el Estado no solo corrige fallas de mercado, sino que frecuentemente crea mercados nuevos. Destaca que muchas de las tecnologías que hoy asociamos con empresas privadas innovadoras —internet, GPS, pantallas táctiles y numerosos avances biomédicos— fueron financiadas inicialmente por programas públicos de investigación. Desde esta perspectiva, el Estado no es simplemente un árbitro; también puede actuar como emprendedor e impulsor de innovación.

Por otra parte, economistas como Amartya Sen introducen una dimensión más amplia. Sen argumenta que el desarrollo no debe medirse únicamente por el crecimiento del producto interno bruto. Lo fundamental es ampliar las capacidades reales de las personas: vivir una vida saludable, acceder a educación de calidad, participar en la sociedad y ejercer libertades efectivas. Una economía puede crecer rápidamente y, sin embargo, fracasar en mejorar estas capacidades humanas fundamentales.

En conjunto, estas críticas apuntan hacia una misma conclusión. Los mercados son instituciones extraordinariamente útiles para coordinar actividades económicas, pero no operan en el vacío. Requieren reglas, instituciones, regulación y políticas públicas que orienten sus resultados. La cuestión central para estos economistas no es elegir entre mercado y Estado, sino comprender cómo ambos pueden complementarse para generar crecimiento, innovación, estabilidad y bienestar social. ><

jueves, mayo 14, 2026

DE CARA A LA SEGUNDA VUELTA. ELECCIONES EN EL PERU

DEBAJO DE UN SOMBRERO

"Sánchez intenta moderarse para hablarle al elector antifujimorista que no quiere repetir la experiencia de Castillo".

por Fernando Tuesta Soldevilla

Roberto Sánchez es, ante todo, una paradoja. Políticamente, casi no existe fuera de Pedro Castillo; electoralmente, acaba de convertirse en el hombre que acompaña a Keiko Fujimori en una segunda vuelta.

No hay parentesco, partido ni trayectoria común que los una. Hay algo más eficaz: la apropiación simbólica. Sánchez entendió que el sombrero no era un accesorio, sino una contraseña.

Sin Castillo, Juntos por el Perú [12.019% de votos válidos] probablemente estaría compitiendo con Perú Libre [0.597%] por el descenso. Con Castillo, Sánchez pasó de ser el único congresista de un partido sin estructura nacional a encarnar una expectativa de revancha. Su propia fuerza es mínima: como candidato a diputado por Lima, pese a encabezar la lista, obtuvo apenas poco más de 14 mil votos, una décima parte de lo conseguido por Harvey Colchado (Ahora Nación). Pero la elección no premia al mejor, sino a quien mejor se mueve políticamente, sea por pragmatismo o astucia.

El voto de Castillo en 2021 no fue programático. Fue identitario. Para millones de peruanos, sobre todo en el sur andino y zonas rurales, Castillo era "uno como tú": provinciano, maestro, ajeno a Lima, ajeno a las élites. Esa identificación sobrevivió a un gobierno improvisado, mediocre, clientelista y corrupto, y terminó incluso negando el fallido golpe de Estado. Para ese núcleo, Castillo no fracasó: no lo dejaron gobernar. Sánchez ha recogido esa narrativa y la ha hecho suya.

Allí está su capital y también su límite. Su modesto 12% de primera vuelta le permite pasar a la segunda, pero, en menos de un mes, debe más que cuadruplicar su votación. No le basta sumar a la izquierda, a partidos sin inscripción o a aliados dispersos. En el Perú, los votos no se endosan como acciones. Los partidos casi no tienen ascendencia sobre sus electores. La segunda vuelta exige otra operación: ampliar sin desdibujarse.

Por eso Sánchez intenta moderarse para hablarle al elector antifujimorista que no quiere repetir la experiencia de Castillo. La campaña electoral es el espacio de las emociones y una de ellas, muy sensible, es la del miedo. Por eso, en sus pocas presentaciones, pretende moverse hacia el centro, tomando distancia del indomable Antauro Humala, que, con sus actos y frases, actúa en sentido inverso. Sánchez puede corregir, negar y matizar, pero lo que no puede hacer es soltar a Castillo. Si lo hace, se queda sin oxígeno.

Keiko llega a esta segunda vuelta en una situación distinta a la de 2021. No desaparece su rechazo, pero parece menos paralizante. Sánchez, en cambio, carga con una contradicción más severa: necesita ser continuidad para conservar su base y ruptura para crecer. Allí se juega la elección. No enfrenta solo a Keiko Fujimori. Enfrenta la pregunta decisiva de si el Perú que votó por Castillo votará ahora por él y si el Perú que teme al fujimorismo aceptará correr otra vez el riesgo de un gobierno improvisado y capturado por sus propias sombras.
 

TODA UNA VIDA

"Si las campañas son el campo de batalla de las emociones y simbolismos, la pregunta es qué puede generar la candidata de Fuerza Popular para ganar".

por Fernando Tuesta Soldevilla

Keiko Fujimori deberá convencer a, por lo menos, la mitad de ese 70% de peruanos que no votaron por ella ni por Roberto Sánchez para ganar unas elecciones que le han sido esquivas en tres ocasiones. Su perseverancia —cuarta postulación presidencial— configura un caso singular: una trayectoria sostenida en la búsqueda del poder. No ha logrado un respaldo mayoritario, pero en un país fragmentado le ha alcanzado para consolidar una base estable. Sobre ella reposa el fujimorismo: una maquinaria construida en torno a su figura, que la ha llevado nuevamente a la segunda vuelta y a obtener la primera mayoría relativa en ambas cámaras, asegurando influencia decisiva en el siguiente quinquenio.

Es la octava vez que compite en elecciones y la cuarta que llega a segunda vuelta. Ha perdido siempre, pero acumula experiencia. En esta campaña optó por una estrategia distinta: bajo perfil, fortalecimiento orgánico y exposición tardía. A diferencia de liderazgos más estridentes, trabajó su aparato partidario con disciplina, recursos públicos y privados, y sin confrontaciones innecesarias. Eso le permitió encabezar la primera vuelta con un modesto pero suficiente 17%. Su votación se concentró en Lima y el norte, zonas densamente pobladas que explican también su significativa representación parlamentaria.

La derecha más radical, que ha llevado al límite el discurso del fraude, la respaldará sin exigir mayores concesiones. Frente a Sánchez, percibido por ese sector como ilegítimo, Keiko parte con ventaja organizativa: estrategia, estructura, financiamiento y redes de apoyo. Pero esa base no garantiza el triunfo.

El desafío es político, no solo electoral. Ya marcó distancia con su ala más extrema, pero ganar exige desplazarse hacia el centro. Eso supone evitar la reedición de la polarización de 2021, que evidenció fracturas —Lima/provincias, urbano/rural, integrados/excluidos— que le dieron un contraproducente respaldo mediático, pero no mayoría social. Como lideresa de un partido dinástico, carga el peso del gobierno de su padre —“mochila”, dijo—, pero también el suyo: ha sido responsable de una década de inestabilidad y erosión democrática.

Pero sus 22 senadores y 40 diputados, disciplinados y leales, la colocan en una posición de ventaja frente a Juntos por el Perú, sea como gobierno o como oposición. No obstante, si gobernar le ha sido esquivo, acumular poder no. Se ha constituido en la cabeza de la corriente política más gravitante de la última década y media. En ese tiempo ha tejido vínculos y compromisos de diverso tipo, y ha protegido intereses propios y ajenos. Si las campañas son el campo de batalla de las emociones y simbolismos, la pregunta es qué puede generar la candidata de Fuerza Popular para ganar. 

TRUMP Y GRANDES EMPRESARIOS USA, VISITAN CHINA. OPINIONES POR EL HECHO DE ESPECTACION MUNDIAL

 ADIÓS AL IMPERIALISMO OBSOLETO...

DONALD TRUMP Y SUS INDIVIDUALISTAS SE HAN DADO UN BAÑO DE CULTURA CIVILIZADA.

Simón Bolívar Nina

La sola posibilidad de que una reunión entre Donald Trump y las autoridades de China pueda alterar viejos esquemas geopolíticos ya es, en sí misma un acontecimiento histórico digno de análisis profundo. No necesariamente porque exista una intención explícita de desmontar estructuras imperiales, sino porque las dinámicas del poder mundial han comenzado a mutar de forma irreversible.

Lo interesante del momento actual es que el llamado “imperialismo clásico” parece enfrentar un desgaste estructural, ya no funciona con la misma facilidad de otras épocas. La lógica de imponer unilateralmente sanciones, bloqueos, invasiones o hegemonías económicas sin generar consecuencias globales, es cosa del pasado.

El mundo dejó de ser unipolar, aunque algunos sectores aún actúen como si no lo hubieran comprendido... y es ahí donde el "obsoletismo" sale a relucir con métodos de dominación diseñados para un siglo que ya terminó... y

un poder que intenta conservar formas antiguas de control en una realidad completamente distinta, donde existen nuevas alianzas financieras, tecnologías descentralizadas, comercio multipolar y sociedades más informadas, aunque aveces con falsas narrativas.

Durante décadas se construyó una narrativa ideológica rígida contra el comunismo, mientras simultáneamente la economía occidental terminaba dependiendo profundamente de la manufactura comunista, del crédito y los mercados chinos. Eso evidencia que las doctrinas absolutas suelen ceder cuando chocan contra los intereses económicos de una realidad social global.

Por eso una eventual aproximación pragmática entre Washington y Beijing podría tener efectos mucho más amplios que un simple acuerdo comercial.... Podría simbolizar el reconocimiento tácito de que la confrontación permanente ya no garantiza liderazgo ni estabilidad... y si eso ocurre, muchas estructuras políticas basadas en enemigos eternos comenzarían a perder legitimidad, como está pasando con Cuba.

También es posible que estemos entrando en una etapa donde las naciones ya no puedan sostener imperios tradicionales porque el costo económico, militar y social se vuelve insoportable incluso para las grandes potencias. Las guerras modernas destruyen recursos, fracturan sociedades y generan crisis internas en los propios países dominantes...

Es cuando entonces El Imperio empieza a derrumbarse... o "agotarse desde adentro".

Sin embargo, conviene observar el fenómeno con prudencia intelectual... Los sistemas de poder no necesariamente

desaparecen; más bien se transforman.

El riesgo es que el viejo imperialismo militar sea sustituido por nuevas formas de control tecnológico, financiero o digital, quizás menos visibles, pero igualmente influyentes.

La historia demuestra que ningún modelo de dominación es eterno. Lo que hoy parece indestructible mañana puede convertirse en una reliquia política... y quizás ese sea el aspecto más trascendente de esta época y muy en especial de esta reunión en China...

El mundo comienza a discutir no solo quién manda, sino si todavía es viable que alguien pretenda mandar sobre todos... eso es totalmente absurdo... Donald Trump.




LA “TRAMPA DE TUCÍDIDES”

Y EL PELIGRO QUE ACECHA AL PERÚ

XI JING PING, TRUMP Y UNA LECCIÓN PARA EL FUTURO DEL PERÚ.

Por Hugo Otero Lanzarotti

La llamada “trampa de Tucídides” volvió a ocupar el centro del debate mundial cuando el presidente chino Xi Jinping le dijo en Pekín al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, sentados ambos frente a frente, que sus países debían ser capaces de superar esa peligrosa lógica histórica para alcanzar el entendimiento.

La escena fue observada por millones de personas en todo el planeta. Y muchos se preguntaron qué significa exactamente esa expresión. La “trampa de Tucídides” toma su nombre del historiador griego Tucídides, quien explicó que el ascenso de Atenas y el temor que este provocó en Esparta hicieron inevitable la guerra entre ambas potencias. Desde entonces, el concepto se utiliza para describir el riesgo de confrontación que surge cuando una potencia emergente amenaza con desplazar a otra dominante.

Xi Jinping utilizó esa idea para advertir que China y Estados Unidos enfrentan el desafío histórico de entenderse y coexistir, en lugar de arrastrar al mundo hacia una confrontación destructiva. No hablaba solo del destino de dos grandes potencias, sino de la responsabilidad que tienen frente a la humanidad.

Esa reflexión, aunque nacida en el escenario de la geopolítica mundial, también puede ayudarnos a comprender la profunda crisis que atraviesa el Perú. Nuestro país vive hoy una confrontación cada vez más peligrosa entre un viejo orden que se resiste a perder el control y una nueva sociedad que emerge reclamando representación, dignidad y poder político.

La disputa ya no es únicamente electoral. Debajo de ella se mueven tensiones sociales, culturales y económicas acumuladas durante décadas. Y allí aparece también nuestra propia “trampa de Tucídides”: el riesgo de que el miedo, el odio y la incapacidad de entendimiento empujen al país hacia escenarios extremos, como ya anuncian irresponsablemente algunos sectores que hablan de golpe de Estado, violencia o guerra civil.

Sin embargo, la historia no está escrita de antemano. Precisamente la enseñanza más importante de esa conversación en Pekín es que incluso las confrontaciones más complejas pueden encontrar caminos de entendimiento cuando existe lucidez política, responsabilidad histórica y voluntad de preservar la nación.

El destino del Perú está por encima de cualquier candidatura, partido o disputa inmediata. Está en juego la convivencia de 37 millones de peruanos que, pese a todas sus diferencias, no quieren renunciar a la unidad de su patria ni ver a su país arrastrado hacia el caos y la destrucción.

Mientras Xi Jinping hablaba con serenidad y franqueza, Donald Trump escuchaba y asentía. Esa imagen poderosa recorrió el mundo transmitiendo una sensación de prudencia y esperanza en tiempos marcados por guerras y polarización. Frente a ella, los peruanos también tenemos derecho a preguntarnos: ¿serán capaces nuestros dirigentes de actuar con la misma sensatez histórica? ¿Podrán entender que el desafío no es destruir al adversario, sino salvar juntos el futuro del Perú?


 

sábado, mayo 09, 2026

RIDICULO DE CANDIDATO PERUANO A LA PRESIDENCIA

SE LE ACABÓ EL AIRE

Rodrigo Núñez Carvallo

Lo de ayer no fue un mitin sino el velorio de cierta estupidez política, la apología de la piconería estéril, la consumación del fracaso electoral y el derrumbe psicológico del protagonista.

Sí, Porky se asfixió en su propio delirio. Se alucinaba presidente, durante años trazó su triunfal camino y todo se fue al tacho en las dos últimas semanas de campaña. El ego desaforado le hizo sobrevalorar su performance e insultar a sus opositores. Craso error, pero no fue el único. Creyó desde su visión limitada de "pituco creído" que Lima era el Perú. Que le bastaba convocar a una clase media arribista y a un populorum capitalino sin identidad y muchas necesidades, pero fue engañado.

Por su miopía de clase, por las encuestadoras, por sus sobones de alquiler, por los sectores A y B y el empresariado que prefiere a Keiko, por las mentiras que Willax le fabricó por encargo a través de ese seborreico plumífero a sueldo llamado Beto Ortiz. Al final se quedó solo con Willax, con Vania Thays, su banda de golpistas y dos mil asistentes claramente segregados.

A un lado la treponería aspiracional, por el otro una masa informe de mujeres reclutadas en comedores e iglesias fraudulentas con dádivas y algún sencillito. Patético todo, comenzando por los discursos y arengas de un nivel deplorable, una mezcla de hebanjelismo churreta, patriotismo idiota, golpismo barato, histeria y burdas consignas.

Y encima les cayó el patuto y la mancada. Algún desprevenido oficial mandó disolver el bullicio a punta de gas pimienta y gases lacrimógenos. El karma que le dicen, pues Porky apoyó la bruta represión de comienzos del 2023. El sueño se acabó, El morrocoy se fue al cacho, Su vulgaridad se disolvió como los asistentes que en su pinche vida percibieron los ojos inyectados, la picazón de la garganta y las lágrimas del caimán.

Adiós Porky, has hecho el mayor ridículo electoral de los últimos cincuenta años. De lo que nos hemos librado, de un borracho sin ideas, de un violento generador de caos, de un obtuso y feo cerdito fofo y desquiciado que se creyó jabalí.

viernes, mayo 08, 2026

TRUMP QUIERE FORJAR UN NUEVO EJE DEL LITIO EN AMÉRICA LATINA

Por Clément Fontanarava – El Grand Continent

https://www.other-news.info/noticias/ 7 mayo 2026·

Entrevista a Thea Riofrancos  Argentina, Bolivia y Chile poseen más de la mitad de las reservas mundiales de un recurso decisivo, y ahora todos ellos están gobernados por la derecha.

¿Tiene la Casa Blanca un plan para salir de la tenaza china? 

Los tres principales países productores de un recurso decisivo —el litio— están ahora gobernados por figuras que han hecho de su cercanía a Donald Trump un elemento decisivo de su trayectoria política: Javier Milei en Argentina desde 2023, Paz Pereira en Bolivia desde 2025 y Kast en Chile desde hace un mes. ¿Cómo aprovecha la Casa Blanca esta nueva convergencia?

Más de la mitad de las reservas mundiales de litiose concentran en tres países, dentro de lo que se conoce como el «triángulo del litio», una vasta meseta desértica en la Cordillera de los Andes que se extiende desde el norte de Chile y Argentina hasta el sur de Bolivia.

Este giro político2 en países anteriormente gobernados por la izquierda parecería indicar una reorientación estratégica: el abandono de proyectos de coordinación del tipo «OPEP del litio» y de formas de nacionalismo de los recursos3, en favor de una apertura a las inversiones extranjeras y a los acuerdos bilaterales, en particular con el Estados Unidos de Donald Trump.

Sin embargo, la orientación política que muestran estos gobiernos oculta una realidad diferente. Su proximidad al presidente estadounidense y su discurso pro-mercado no bastan para redefinir los equilibrios del sector.

¿Por qué?

El factor decisivo radica en el arraigo material de China en estas economías: a pesar de los discursos proestadounidenses, sus inversiones masivas, ya comprometidas y concentradas en sectores estratégicos además del litio, como la energía y las infraestructuras, son difíciles de cuestionar.

No obstante, la administración de Trump ha afirmado claramente su voluntad de convertir a América Latina en su patio trasero. ¿Están los nuevos gobiernos del «triángulo del litio» alineados con esta voluntad de vasallización de Washington?

Ya no nos encontramos en un periodo unipolar como el que existió en los años noventa, tras el fin de la Guerra Fría y antes del auge de la «ola rosa» en América Latina. Si se examina ese periodo, que se extiende aproximadamente desde 1989 hasta principios de la década de 2000, Estados Unidos era claramente la única potencia dominante de la región, y ocupaba una posición preponderante en términos de influencia política y elaboración de políticas.

Al igual que en el resto del mundo, Estados Unidos ya no ocupa una posición hegemónica en América Latina. Esta nueva rivalidad geopolítica coloca a los países del Sur en una situación ambivalente —a la vez restrictiva y, en ocasiones, ventajosa— en función de sus estructuras de exportación, sus necesidades financieras y sus vínculos comerciales. Otros actores del Norte, como Canadá, tienen importantes intereses mineros en la región, mientras que China ha reforzado considerablemente su papel en numerosos ámbitos.

¿Cuáles?

Se pueden distinguir tres ámbitos clave: el comercio, el crédito y las inversiones extranjeras directas.

En estos tres sectores, China ha reforzado considerablemente su presencia. Ahora es un destino importante para las exportaciones, una fuente esencial de importaciones, un importante proveedor de préstamos y un inversor de primer orden, especialmente en Argentina, Bolivia y Chile. Por lo tanto, resulta totalmente irracional que estos países pongan en peligro sus relaciones con Pekín, sobre todo en el contexto mundial actual.

¿En qué sentido?

Los considerables recursos militares de Estados Unidos se dispersan de forma desordenada en varios frentes, mientras que el apoyo interno a la política exterior de Trump se desmorona, lo que hace que cualquier apuesta por su continuidad a largo plazo resulte especialmente arriesgada.

¿Cree, pues, que Estados Unidos no podrá debilitar las posiciones chinas en América Latina?

Teniendo en cuenta los cambios geopolíticos y económicos en curso, China debería salir reforzada de los próximos años, tanto en el plano económico, político y energético como en el diplomático. Por el contrario, Estados Unidos se enfrenta a retos internos y externos. Sería arriesgado para los países de América Latina reducir sus vínculos con China en favor de un acercamiento a Washington.

Queda por ver cómo actuarán concretamente Argentina y Chile, que han firmado acuerdos bilaterales con Estados Unidos. ¿Respetarán estrictamente estos acuerdos y reducirán su compromiso con China, o seguirán profundizando sus vínculos económicos con Pekín independientemente de sus compromisos formales?

Usted destaca una paradoja: Milei es el presidente más alineado con la Casa Blanca de entre los del «eje del litio», y sin embargo es en Argentina donde la brecha entre el discurso antichino y la reorientación efectiva hacia Estados Unidos es más flagrante. ¿Cómo se explica esto?

Efectivamente, en Argentina, la discrepancia es especialmente clara. Javier Milei ha firmado un acuerdo comercial que favorece a las empresas mineras estadounidenses, explícitamente en detrimento de las economías consideradas «manipuladoras» —en el fondo, China—, aunque a su vez se podría calificar fácilmente a Estados Unidos de manipulador del mercado, dada la injerencia de Trump en Sudamérica.

Pero esta orientación choca con una realidad más contundente: la presencia china se ha intensificado rápidamente en estos sectores clave a través de inversiones ya comprometidas y arraigadas en activos duraderos. 

¿Por qué motivo?

De nuevo, hay una razón estructural. No es seguro que estos acuerdos supongan un aumento de las inversiones estadounidenses, ya que las empresas chinas son muy activas en las cadenas de suministro de litio. Por otra parte, el acuerdo no prohíbe las inversiones chinas, se limita a desalentarlas, mientras que las autoridades provinciales conservan su autonomía.

Hay, además, una razón más específica. La gobernanza del litio en Argentina es interesante porque el sector no está regulado a nivel nacional. El país es, en efecto, un Estado federal en el que las provincias desempeñan un papel clave. Algunas son especialmente importantes para la extracción de litio, en particular las situadas cerca de Chile y Bolivia, en la región de la meseta andina.

En la década de 1990 se puso en marcha una política para descentralizar la gestión minera del gobierno federal. Esta reforma formaba parte de un programa neoliberal más amplio, basado en la idea de que la gestión local sería más eficaz. En consecuencia, cada gobernador administra las reservas de litio de su provincia y se encarga de la negociación de contratos e inversiones con empresas extranjeras.

Este sistema es poco eficaz para la gestión de los recursos naturales, ya que crea una asimetría de poder y de conocimientos entre las autoridades locales y las multinacionales mineras.

¿Cuáles son los efectos concretos de esta competencia entre los territorios argentinos?

Esta estructura ha dado lugar, en particular, a una forma de dumping en la que las provincias compiten entre sí para atraer inversiones. La competencia crea un entorno de desregulación.

En 2023, en la provincia de Jujuy, se produjeron violentos enfrentamientos entre el gobierno provincial y las comunidades locales después de que el gobernador intentara debilitar las normas medioambientales y los derechos de los pueblos indígenas.

A pesar de este sistema desregulado, Argentina es, sin embargo, actualmente el cuarto mayor productor mundial…

Sí, y es debido a la descentralización que la llegada de un gobierno conservador no ha modificado radicalmente las estructuras de gobernanza, ya que el control de la política del litio sigue siendo provincial.

Dicho esto, bajo la anterior administración de Alberto Fernández, de centroizquierda, hubo algunos intentos de replantear la gobernanza del litio, en particular debates sobre la centralización, la nacionalización o la creación de empresas públicas, siguiendo las tendencias de otros gobiernos de izquierda en la región. Estos esfuerzos no se concretaron plenamente y Milei ha abandonado ahora esa política.

¿Tiene, pues, el presidente argentino las manos atadas?

Asistimos al mantenimiento de un statu quo negativo que, no obstante, va acompañado de algunos cambios: la escala de la gobernanza sigue siendo la misma, pero la orientación del país y las relaciones comerciales están cambiando.

Milei ejerce influencia en las políticas nacionales, especialmente en materia de comercio y relaciones internacionales. Se ha podido observar hasta qué punto se alineaba con la administración de Trump, que proporcionó apoyo financiero directo a Argentina.

A los cambios geopolíticos se suma un cambio en la gobernanza medioambiental, especialmente en Chile. ¿Cómo ha revisado Kast la política de su predecesor?

El sistema de gobernanza chileno difiere del argentino, ya que está fuertemente centralizado. Esto confiere al gobierno nacional un control mucho mayor sobre la política minera.

El actual gobierno de extrema derecha, liderado por José Antonio Kast, ya ha comenzado a implementar cambios significativos, especialmente en materia de gobernanza medioambiental. Pero su popularidad ya ha caído a raíz de la crisis de precios relacionada con la guerra en Irán. De hecho, Kast ha declarado que no aliviará la situación de la economía y la población controlando los precios, a diferencia de lo que se observa en cierta medida en el Sudeste Asiático y en Europa.

Antes de los efectos de la guerra de Irán, ¿cuáles eran las medidas del nuevo presidente chileno?

En primer lugar, un acuerdo previsto con Estados Unidos, cuyos detalles aún no se han hecho públicos, prevé ventajas para las empresas estadounidenses que deseen invertir en Chile. La mayor empresa de litio del país ya es estadounidense, pero la otra es chilena y muchos otros actores extranjeros también tienen intereses en este sector de la economía nacional. Queda por ver si las empresas estadounidenses invertirán como se ha prometido y comenzarán a explorar el suelo chileno.

Dado que Chile está mucho más centralizado que Argentina, la situación puede deteriorarse mucho más rápidamente. El expresidente Gabriel Boric, que no contaba con un apoyo total en el Congreso Nacional, siempre tuvo que formar coaliciones o recurrir a decretos. En muchos casos, para las regulaciones medioambientales, recurrió a decretos, lo cual a veces es eficaz porque tienen un efecto inmediato, pero también peligroso porque son fáciles de derogar.

Por ejemplo, antes de dejar el cargo, Boric creó un gran número de parques nacionales, reservas naturales y zonas de protección de ecosistemas para cumplir su promesa de proteger más desiertos de sal, las salinas, frente a la extracción de litio. Reservó aproximadamente un tercio de las decenas de salinas para la conservación del medio ambiente.

Cada una de estas medidas requería un decreto y Kast los ha derogado todos.

Esto plantea interrogantes sobre cómo reaccionarán las comunidades locales. Estas podrían movilizarse más y mostrar una mayor resistencia; o bien la extracción de litio podría desarrollarse ahora con mayor facilidad.

No obstante, los proyectos mineros son complejos y su desarrollo lleva tiempo, ya que implican inversiones financieras, técnicas y sociales. Esto significa que, aunque un gobierno sea realmente favorable al libre mercado y a las empresas, estas podrían no llegar debido a la complejidad del proceso para poner en marcha una mina.

Las manifestaciones —con un fuerte componente comunitario— también se han vuelto mucho más frecuentes, lo que hace que los inversores se muestren aún más reticentes. En Chile, Argentina y Bolivia se han celebrado numerosas concentraciones de este tipo en los últimos años.

Además, muchos países intentan ahora desarrollar la explotación minera del litio en su propio territorio, lo que intensifica la competencia para atraer inversiones.

Precisamente, ¿podría volver sobre el caso boliviano? ¿Cómo ha llevado a cabo el presidente Rodrigo Paz su nuevo reajuste?

El gobierno de Rodrigo Paz es mucho menos extremista que los de Kast y Milei. A pesar de la controversia que suscitaron, el gobierno ha mantenido los acuerdos relativos a la gestión del litio firmados por la administración anterior con empresas rusas y chinas. Esta decisión sugiere un enfoque menos alineado, lo que refleja una tendencia más amplia entre los países del Sur que buscan equilibrar sus relaciones con varias potencias en lugar de alinearse exclusivamente con una sola.

La extracción también implica fuertes inversiones tecnológicas. ¿Podrían los gobiernos de extrema derecha promover tecnologías como la extracción directa de litio (direct lithium extraction, DLE) para reducir el impacto medioambiental? ¿Existe un discurso tecnológico específico de la extrema derecha, en particular en América Latina?

En Estados Unidos se observa esta alineación entre la industria tecnológica y la extrema derecha. A menudo se habla de «oligarquía tecnológica» y se analiza la propagación de una ideología neorreaccionaria.

En América Latina, sin embargo, no veo pruebas de un acercamiento similar entre los gobiernos de extrema derecha y los promotores de soluciones tecnológicas específicas como la extracción directa de litio. Esta se presenta como un método más respetuoso con el medio ambiente para extraer el litio de los yacimientos de salmuera, un agua subterránea muy salada, rica en litio, situada bajo las salinas: en lugar de extraer grandes cantidades de agua y dejarla evaporarse, lo que supone una pérdida considerable en entornos ya áridos, la DLE consiste en filtrar los iones de litio mediante procesos químicos o físicos, dejando el agua bajo tierra.

No obstante, estudios científicos recientes han comenzado a cuestionar la capacidad de la DLE para minimizar realmente el impacto medioambiental. Este método podría tener, a pesar de todo, consecuencias ecológicas y aún es difícil evaluar en qué medida preserva los ecosistemas.

En este momento, no veo pruebas sólidas que indiquen que los gobiernos de derecha promuevan esta nueva tecnología de una manera que difiera significativamente de la de los gobiernos progresistas anteriores.

En términos más generales, ¿cuál es la relación de estos diferentes gobiernos con los grandes grupos industriales?

En Chile, bajo el anterior gobierno de Boric, existía una estrategia nacional sobre el litio destinada a reformar la gobernanza de este recurso, aumentar la implicación del Estado, reforzar las protecciones medioambientales y mejorar la consulta a las comunidades indígenas.

En el marco de esta estrategia, el gobierno negoció la creación de una empresa conjunta entre la empresa pública Codelco y la empresa privada SQM, especializada en litio. Esta última tiene un pasado controvertido, marcado por vínculos con la dictadura de Pinochet, conflictos sociales, tensiones con las comunidades locales, así como acusaciones de corrupción y evasión fiscal. A pesar de ello, el gobierno de Boric estableció una asociación que preveía que las actividades de SQM continuaran durante varios años, lo que le permitió prolongar considerablemente su presencia en Chile, al tiempo que preveía que su proyecto se convirtiera, a largo plazo, en una empresa conjunta de la que no sería el único propietario.

Este proyecto también estaba vinculado al uso potencial de la tecnología DLE: los responsables políticos esperaban que redujera los daños medioambientales. Sin embargo, esta tecnología aún no se ha implementado a escala comercial completa. Actualmente solo existe un proyecto en Argentina que la combina con los métodos de evaporación tradicionales.

Queda una pregunta en el aire: ¿mantendrá el actual gobierno chileno este acuerdo de empresa conjunta o lo abandonará? Aunque ha dado marcha atrás en materia de protección del medio ambiente, es menos seguro que Kast interfiera en los acuerdos de inversión existentes. Todavía es difícil definir la visión económica de Kast, aunque ya sabemos que es reaccionaria y conservadora. En cualquier caso, dar marcha atrás en estos acuerdos supondría un enfoque más intervencionista en materia económica.

¿Existe entre los dirigentes de derecha de América Latina un discurso medioambiental capaz de encontrar eco entre una parte del electorado?

En América Latina, la combinación energética varía de un país a otro. Chile, por ejemplo, ya cuenta con un sistema relativamente bajo en carbono, gracias a una importante contribución de la energía hidroeléctrica, la energía solar y la eólica. En términos más generales, muchos países de la región se benefician de un legado de infraestructuras hidroeléctricas, así como de inversiones más recientes en energías renovables.

Por esta razón, las cuestiones de la transición energética no están muy politizadas. Los indicios de una intensa «guerra cultural» en torno a las energías renovables que se observan en otras regiones son menos evidentes aquí. En cambio, algunos países de América Latina, como Argentina, dependen en mayor medida de los combustibles fósiles, en particular del petróleo y el gas. Milei no tiene intención de cambiar esta situación.

Apenas existe ecologismo de derecha en América Latina: el discurso ecologista suele ser radical y tiende a asociarse con las políticas de izquierda. Se vincula con bastante facilidad a los derechos de los pueblos indígenas, a las críticas anticapitalistas y a una concepción holística de la degradación del medio ambiente.

Las actividades de extracción de recursos en América Latina se encuentran entre las más intensas del mundo. En consecuencia, el discurso de los activistas antiextracción se centra en gran medida en el medio ambiente, la tierra, el suelo, el agua, etc.

Dada la intensidad de los conflictos locales relacionados con la extracción de recursos en la región, el tema del medio ambiente, al igual que el feminismo, está estrechamente vinculado a los movimientos de oposición. Por lo tanto, los líderes de derecha tienden a considerar el ecologismo como una causa fundamentalmente de izquierda y apenas hay una apropiación de estos temas medioambientales por parte de su facción política.

¿Podría el giro hacia la derecha del «triángulo del litio» marcar una nueva era para América Latina, o tal vez un retorno a patrones anteriores, como la alineación autoritaria de los años setenta y ochenta? ¿Estamos asistiendo al regreso de un modelo en el que países como Chile sirven de laboratorios para las reformas neoliberales, en particular en lo que respecta a los minerales críticos?

Es muy importante abordar América Latina desde una perspectiva histórica, ya que la región ha experimentado ciclos políticos recurrentes.

Lo que observamos son varias oleadas de alineación política entre los países de la región. En distintos momentos, sus gobiernos tienden a compartir orientaciones ideológicas similares, ya sean de izquierda, de derecha, democráticos o autoritarios.

Entre los años 1930 y 1970, numerosos Estados de América Latina implementaron estrategias de desarrollo nacional. Entre estos países había tanto regímenes democráticos como regímenes más autoritarios, pero todos compartían un compromiso con un desarrollo impulsado por el Estado, que en ocasiones implicaba nacionalizaciones y medidas de protección de los trabajadores, como fue el caso de Salvador Allende en Chile o Juan Perón en Argentina.

A este periodo le siguió el auge de las dictaduras, en su mayoría de derecha, y la generalización de las políticas neoliberales en los años ochenta y noventa. Incluso tras el retorno a la democracia, numerosos gobiernos —incluidos los centristas y socialdemócratas— mantuvieron este marco económico, a menudo bajo la presión de las instituciones internacionales, la clase dirigente del país y los grupos de presión.

En la década de 2000, la «ola rosa» marcó un punto de inflexión. En su apogeo, dos tercios de la población de América Latina vivían bajo gobiernos de este tipo. No creo que exista otro ejemplo de una región del mundo tan extensa en la que tantos gobiernos se hayan alineado.

¿Cuál es la situación actual?

Durante la última década, la situación se ha fragmentado. Ahora, en América Latina hay gobiernos de izquierda, de derecha y de extrema derecha.

Brasil y México se sitúan claramente a la izquierda, lo cual es relevante no solo porque son países importantes de la región (son uno de sus motores económicos y concentran más de la mitad de su población), sino también porque tanto Lula como Claudia Sheinbaum cuentan con partidos políticos muy institucionalizados. La izquierda también ha vuelto a Uruguay con el Frente Amplio.

Por otro lado, Javier Milei, José Antonio Kast y Nayib Bukele en El Salvador están al frente de los gobiernos más marcados por la extrema derecha que ha conocido América Latina en décadas.

Milei representa una versión muy ortodoxa del neoliberalismo: ha hecho suyas por completo las ideas económicas libertarias, de las que se enorgullece. Sin embargo, no todos los gobiernos de derecha son iguales. Kast habló mucho de orden público durante su campaña, pero mucho menos de economía: su visión no se inscribe realmente en una ideología ortodoxa y puramente liberal. Aunque a menudo se le asocia con el neoliberalismo, el régimen de Pinochet, por quien Kast siente gran estima, también se apoyó en gran medida en la intervención del Estado para promover las industrias de exportación.

Cuando se reflexiona sobre lo que es el neoliberalismo, la verdadera cuestión no es cómo deshacerse del Estado, sino cómo utilizarlo para apoyar la inversión privada y la acumulación de capital en lugar del bienestar de los trabajadores o la regulación medioambiental. Pinochet recurrió así ampliamente a los poderes del Estado y a los fondos públicos para construir una economía orientada a la exportación, centrada en el cobre, el salmón, la silvicultura, las frutas y las verduras, productos y recursos de los que Chile es hoy un importante exportador. Esta política no se llevó a cabo a través del libre mercado, sino utilizando el poder del Estado para obligar a estas industrias a atraer inversiones privadas, a ser rentables y a orientarse hacia la exportación. No sé qué hará Kast, pero este es un legado en el que puede apoyarse.

En todo el mundo se está produciendo un retorno generalizado de las políticas industriales, incluso por parte de gobiernos de derecha. Estas políticas tienen como objetivo promover el crecimiento económico mediante la intervención del Estado, pero con objetivos diferentes a los de los gobiernos de izquierda.

¿Qué vínculos existen entre el mercado del litio y el de las energías renovables? ¿Podría el desarrollo de este último beneficiar a los países de América Latina?

La crisis actual podría acelerar la transición hacia las energías renovables, ya que pone de manifiesto la volatilidad y los riesgos asociados a los combustibles fósiles.

La demanda de litio sigue siendo fuerte. Los vehículos eléctricos son su principal motor. Aunque el crecimiento de esta demanda se está ralentizando en Estados Unidos debido a la política de Trump, observamos en Europa, Asia y África un aumento de la movilidad eléctrica.

En el mercado del litio, otros sectores mucho más en sintonía con la política de Trump están cobrando importancia. Uno de ellos es el sector militar, ya que la guerra moderna depende cada vez más de las baterías de iones de litio: los drones son solo uno de los muchos ejemplos de sistemas para los que son indispensables. Los utilizados por Irán o Ucrania no podrían funcionar sin ellas.

Los centros de datos constituyen otra fuente de demanda en plena expansión, ya que requieren sistemas de almacenamiento en baterías a gran escala. En Estados Unidos, por ejemplo, parte de la producción de baterías se ha desviado de los vehículos eléctricos para orientarse hacia los centros de datos. Este cambio refleja la evolución de las prioridades políticas.

Con la rápida expansión de las infraestructuras de inteligencia artificial, ¿no corren los países de América Latina el riesgo de ser incapaces de responder a la explosión de la demanda?

Los centros de datos solían depender en mayor medida de generadores diésel para el suministro de emergencia. Hoy en día, se observa una transición creciente hacia los sistemas de baterías. Aunque inicialmente hubo inquietudes sobre la seguridad y la fiabilidad de las baterías de iones de litio, estas tecnologías se están adoptando ahora a mayor escala.

Al mismo tiempo, el mercado del litio se ha caracterizado por una fuerte volatilidad. Si bien en los últimos años la oferta ha sido relativamente abundante, lo que ha mantenido los precios a un nivel bajo, hoy en día empezamos a observar un cambio de tendencia. La demanda está aumentando ahora más rápidamente que la oferta.

Esta diferencia ejerce una presión al alza sobre los precios, lo que podría fomentar nuevas inversiones. Sin embargo, como he mencionado, los proyectos mineros tardan mucho tiempo en desarrollarse y a menudo transcurre más de una década entre el descubrimiento y la producción. Para cuando el litio esté listo para su extracción, la situación de la demanda podría haber cambiado.

En su libro Extraction4, explica cómo América Latina se ha integrado históricamente en la economía mundial como proveedora de materias primas. Teniendo en cuenta las recientes políticas estadounidenses, en particular bajo el mandato de Trump, ¿cree que esta dinámica vaya a continuar? ¿Podría provocar una reacción política contra los países demasiado alineados con Estados Unidos?

Se observa claramente cómo se intensifica esta dinámica. De hecho, es tan evidente que casi parece trivial analizarla: refleja patrones históricos de larga data.

Desde hace siglos, el papel de América Latina en el sistema mundial está marcado por la extracción de recursos y los intercambios desiguales: los países de la región han exportado materias primas e importado productos acabados.

Se han realizado intentos para salir de este esquema. Entre los años 1930 y 1970, numerosos gobiernos pusieron en marcha estrategias de desarrollo. Más recientemente, durante la «ola rosa» a la que me refería, se han realizado nuevos esfuerzos para promover la industrialización y reducir la dependencia. Hoy en día, líderes como Lula en Brasil y Sheinbaum en México también llevan a cabo políticas industriales.

Bajo el mandato de Trump, sin embargo, Estados Unidos ha adoptado una política exterior aún más brutal, violenta, explícita y transaccional que en el pasado. Esta refleja una forma de poder más directa y coercitiva. En ciertos aspectos, recuerda algunos períodos de injerencia continua de Estados Unidos, política a veces calificada como «diplomacia de las cañoneras».

Históricamente, Estados Unidos ha intervenido en América Latina para asegurarse el acceso a los recursos y apoyar a gobiernos amigos.

Sin embargo, la situación actual difiere del pasado en un aspecto importante: los países de América Latina disponen de más alternativas.

Pueden establecer relaciones con China, con otras economías emergentes, así como con socios regionales o europeos. Esta diversificación podría ofrecer cierta protección frente a las presiones unilaterales ejercidas por Estados Unidos.

Notas al pie

1El litio es un elemento fundamental de la transición energética, especialmente para las baterías que permiten almacenar energías renovables y descarbonizar sectores muy contaminantes como el transporte y la energía. Sin embargo, su extracción plantea una serie de dilemas. Al mismo tiempo, la creciente demanda de litio y otros recursos críticos, como las tierras raras, alimenta importantes tensiones geopolíticas, ya que estos materiales son ahora estratégicos para las tecnologías energéticas, digitales y militares, y se encuentran en el centro de las rivalidades entre grandes potencias como Estados Unidos, China y Europa.

2Sobre esta convergencia política en torno al litio, véase Thea Riofrancos, «Latin America’s lithium triangle is now in the hands of the right», Financial Times, 8 de marzo de 2026.

3El nacionalismo de los recursos, que también se observó en la región entre los años 1930 y 1970, se refiere a la voluntad de un Estado de recuperar el control de sus riquezas naturales, limitando la influencia extranjera y dando prioridad a una gestión nacional o regional (en forma de proyectos de coordinación del tipo «OPEP del litio»).

4Thea Riofrancos, Extraction. The Frontiers of Green Capitalism, Nueva York, W. W. Nortion & Company, 2025. Ver también nuestra entrevista en francés con motivo de la publicación de la obra.

Thea Riofrancos es profesora asociada de ciencias políticas en el Providence College y codirectora estratégica del Climate and Community Institute. Es autora de Extraction: The Frontiers of Green Capitalism y Resource Radicals: From Petro-Nationalism to Post-Extractivism in Ecuador, y coautora de A Planet to Win: Why We Need a Green New Deal. 

AnteriorPalantir y la Ley de Silicio: T-N-T

 

  ¿POR QUÉ ARDE BOLIVIA? Chantal Liégeois Tres semanas de movilizaciones contra el ajuste de Rodrigo Paz tienen al país en una fase crít...