Ámbito Perú

sábado, diciembre 20, 2025

EL RETORNO DEL PUEBLO DESDE BARBADILLO, FLORECE LA ESPERANZA. Jimmy Calla Colana


Desde los muros fríos del encierro, donde la voz parece apagarse, se levantó una palabra encendida: “¡Viva el Perú!”

Era Pedro Castillo, el maestro campesino, el hombre del sombrero y la tiza, quien alzó su voz por encima de los barrotes de acero, no para llorar su prisión, sino para anunciar un nuevo futuro.

“Roberto Sánchez a la presidencia, Analí Márquez Huanca a la primera vicepresidencia, Brígida Curo Bustincio a la segunda vicepresidencia.”

Así, el eco recorrió el país como viento nuevo sobre los cerros del Ande y las avenidas grises de las ciudades.

El anuncio no fue político: fue humano.

Fue el clamor de los trabajadores que madrugan sin promesas, de los campesinos que siembran esperanza entre surcos de pobreza, de los obreros que golpean el metal como quien forja destino.

Fue la voz de las mujeres que no se rinden, de las jóvenes que estudian con el alma, de los ambulantes que resisten el hambre y la indiferencia.

Fue también el grito de los desocupados, los olvidados, los siempre postergados por la historia oficial. Pero también fue la voz de “Tempestad en los Andes”.

En abril del 2026, el Perú volverá a mirarse en su espejo más profundo. Ya no será el retrato del miedo ni el reflejo del poder ajeno. Será el rostro de un país que camina descalzo, pero con el corazón encendido, hacia un gobierno de los trabajdores que no se decreta desde los palacios, sino que se levanta desde la tierra.

Roberto Sánchez, hijo del pueblo, levantará la bandera no del partido, sino de la causa: la del pan digno, la del jornal justo, la del aula abierta, la del arado libre.

Analí Márquez, mujer cusqueña, voz de los Andes y de la ternura, representará a las madres que sostienen el mundo.

Brígida Curo, puneña y altiva, se enfrentará a la pobreza de los invisibles, llevará el mensaje del altiplano: “nunca más un Perú sin nosotras.”

Entonces, el viento soplará distinto. Las calles no serán laberintos de desesperanza, sino caminos de regreso a la dignidad. Los jóvenes volverán a creer que estudiar sirve para ser grandes profesionales al servicio de la patria, que luchar vale la pena, que vivir en este suelo no es condena, sino destino.

El maestro y los suyos, los de abajo, los que nunca se rindieron, escribirán la nueva página.

Y cuando llegue ese día, los trabajadores, campesinos, ambulantes, obreros, mujeres, jóvenes y desocupados levantarán su mano -como juramento silencioso- y dirán al unísono:

“Esta vez, el Perú gobierna para sí mismo”

Abajo la corrupción, Abajo las leyes procriminalidad,

¡Viva un gobierno de los de abajo!

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