Tomado de INFORME SEMANAL DE POLÍTICA EXTERIOR • 22DIC25
La victoria de José Antonio Kast en Chile no solo marca un
giro político, sino que reabre un debate más profundo sobre el desgaste de los
proyectos refundacionales y el peso que hoy tienen la seguridad, la estabilidad
económica y la inmigración en el electorado chileno y regional.
Durante la campaña que lo llevó a La Moneda, Gabriel Boric
solía afirmar que, así como Chile había sido la cuna del neoliberalismo, bajo
su gobierno sería su tumba. Tras su contundente victoria (58,1%) sobre la
candidata oficialista, Jeannette Jara (41,8%), el hoy presidente electo, José
Antonio Kast, llevado por el triunfalismo, podría verse tentado a proclamar
algo similar desde el extremo opuesto del espectro político.
Especialmente si logra cumplir todas sus promesas, incluida
la de recortar el gasto público en 6.000 millones de dólares –el 7% del
presupuesto– en apenas 18 meses. Como comprobó el propio Boric tras la derrota
del proyecto constitucional que patrocinó en 2022, los cambios refundacionales
apoyados en mayorías “líquidas” suelen resultar contraproducentes en las urnas.
Gracias a la obligatoriedad del sufragio, por primera vez en
unas elecciones presidenciales Kast obtuvo siete millones de votos, más que
cualquier presidente anterior. A diferencia de sus campañas previas, esta vez
Kast dejó de lado la llamada “batalla cultural” para enfocarse en la seguridad
y la inmigración, las principales preocupaciones para el 60% de la ciudadanía.
En 2025, la economía chilena crecerá un 2,5%, con baja
inflación (4%) y una deuda pública contenida (42%), cifras mejores que las
heredadas por Boric de Sebastián Piñera. Estos datos explican la bonanza de la
bolsa de Santiago, que ha recibido con beneplácito el anuncio de Kast de
rebajar el impuesto de sociedades del 27% al 23%.
El giro de Kast resulta significativo, ya sea fruto del
oportunismo o de una convicción real. En 2016 fundó el Partido Republicano para
“defender la vida humana desde el momento de la concepción” y en 2017 aseguró
que, de estar vivo, Augusto Pinochet votaría por él. Sin embargo, como demostraron
las derrotas de los proyectos constitucionales tanto de izquierda como de
derecha, la mayoría de los chilenos no desea más experimentos radicales.
“Chile no avanza dividido”, afirmó Kast la noche electoral.
En el tramo final de la campaña reiteró que no eliminaría ningún derecho
adquirido, mientras prometía deportaciones masivas de inmigrantes
indocumentados, la construcción de más cárceles y el blindaje de las fronteras
mediante muros, zanjas, torres de vigilancia, alambradas electrificadas y drones.
Kast. hijo de inmigrantes alemanes. El Bukele del sur
Su victoria refleja, en ese sentido, la nostalgia de parte
del electorado por un país que crecía a tasas asiáticas y con escasa
inmigración y criminalidad organizada. En apenas siete años, Chile ha duplicado
su población extranjera, que hoy representa el 8,8% del total, y desde 2015 su
tasa de homicidios –aunque sigue siendo la más baja de la región– se sitúa en
6,2 por cada 100.000 habitantes, similar a la de EEUU e inferior a la de
Ecuador (46).
Aun así, Chile es el sexto país del mundo, entre 144, con
mayor percepción de inseguridad, según el Informe de Seguridad 2025 de Gallup,
por encima incluso de México. Kast ha prometido criminalizar la inmigración
irregular pese a que la tasa de encarcelamiento ya es la tercera más alta de
Suramérica y una de las mayores del mundo, con cárceles que operan al 140% de
su capacidad.
Además de Jara –que logró sumar casi dos millones de votos–,
otro gran derrotado fue Boric, señalado ya en sus propias filas como uno de los
responsables del fracaso de la candidata. Boric, que dejará La Moneda con
apenas 40 años, ha asegurado que no abandonará la política.
Tras los resultados chilenos, solo México, Brasil, Colombia
y Uruguay permanecen gobernados por la izquierda en la región[1]. Consciente de
que su mandato no será sencillo, Kast insistió en su discurso de victoria en
que no se le pidieran milagros, sino energía. Y quizá suerte, podría haber
añadido.
Kast aspira a destrabar proyectos mineros paralizados desde
hace años por regulaciones medioambientales. En este ámbito, su gobierno
contará con una ventaja clave: el precio del cobre, hoy un 30% más alto que
hace cinco años.
Chile, donde la minería representa el 12% del PIB, es el
mayor productor mundial de un mineral esencial para la transición energética y
cada vez más caro y difícil de extraer. La tonelada de cobre cotiza actualmente
en torno a los 11.000 dólares, frente a los 8.500 de hace dos años. Según la
Agencia Internacional de la Energía (AIE), apenas 20 minas concentran el 30% de
la producción mundial.
La mayor de ellas es
la chilena La Escondida, propiedad de BHP y Rio Tinto. China, que consume el
58% del cobre mundial, es el principal destino del cobre chileno. De los 239
yacimientos descubiertos entre 1990 y 2023, solo 14 lo fueron en la última
década. La AIE estima que, de aquí a 2035, la producción cubrirá el 70% de la
demanda global. ●
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[¿Y Venezuela, Cuba, Nicaragua?]
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