Carlos Aznàrez
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o
ocurrido en las elecciones de Honduras supera todo lo previsible en cuanto a
injerencia desestabilizadora por parte del gobierno de Estados Unidos. Ya se
había comprobado con los recientes comicios de Argentina, que el presidente
Donald Trump no solo genera súbditos obsecuentes sino que también hace lo posible
por envilecer la política, destruyendo cualquier tipo de normalidad institucional.
En el país rioplatense su amenaza liquidacionista si no se votaba a Milei
surtió efecto, y las consecuencias de ese voto-miedo lo pagarán los argentinos
por lo menos dos años más, si no se produce algún imponderable que cambie la
suerte.
Pero
quien opera de ese modo, (ya se lo conoce como «estilo Trump»), imponiendo “el
dedo” para apoyar a un candidato, demonizando al resto, saltándose todas las
vallas que la misma democracia burguesa impone, se ve tentado a aumentar la apuesta,
y eso es lo que ahora hizo en la nación hondureña.
Así
fue que el heredero del Tío Sam determinó, por una parte, que para vencer a
“los comunistas del partido LIBRE” había que explicitar que todos los ojos se
posen en “su” candidato del Partido Nacional, el ultraderechista Nasry Tito
Asfura, (alias «Papi a la orden») y además, en la misma jugada, determinó que
“un hombre de bien”, como el ex narco presidente Juan Orlando Hernández,
mundialmente conocido como JOH, debía ser indultado. Pocas horas después, ese
delincuente que había sido catalogado como uno de los grandes capos de la
droga, y que actuó durante años con la impunidad que le daba su cargo, pudo
recuperar su libertad, y resarcido por el imperio por haber pasado raudamente
por las prisiones estadounidenses. Estaba condenado a 45 años y solo estuvo
uno, todo un récord de impudicia auspiciado por Washington, cuyo mandatario
sigue insistiendo en hundir lanchas de pescadores en el mar Caribe, para
demostrar su agresividad bélica frente a la dignidad de la Revolución que
encabeza Nicolás Maduro.
Es
indudable que el suceso inesperado de conceder el indulto a JOJH es una
decisión que debió haber sido tomada de acuerdo con quienes motorizan el
Partido Nacional del candidato Asfura, y seguramente también con el
conocimiento -al menos eso, aunque lo desmientan- de los liberales de Salvador
Nasrala. Semejante actuación no tiene otro nombre que “golpe electoral”,
arteramente llevado a cabo por el mandatario gringo, y contando con la repudiable luz verde de los «demócratas» del bipartidismo
hondureño.
El
resultado es el conocido: la candidata de LIBRE, Rixi Moncada, quedó tercera en
unos comicios con olor a fraude por donde se los mire, y en el marco de una
maniobra destituyente, que busca, y así lo explicitó el propio Trump, que “el
comunismo” (evocando aquellos tiempos de la “guerra fría”) sea derrotado.
El
tema fundamental de este nuevo episodio golpista, es que este mismo imperialismo
que ha destruido países con sus guerras o sus planes de saqueo y hambre, hoy se
ha constituido en un árbitro prepotente que amenaza a los pueblos y que
determina quien debe dirigir tal o cual país.El mismo energúmeno que, desde la
Casa Blanca, agrede día a día a Venezuela bolivariana, amenaza al presidente
colombiano, trata de asfixiar a Cuba y embiste contra Nicaragua (solo para
hablar de sus fechorías en Nuestramérica), está naturalizando una matriz de
actuación que echa por tierra cualquier posibilidad de democratizar la
política. Más aún, sirve para alejar a poblaciones enteras de la misma. El
pistolero Trump y sus cómplices en cada continente hacen y deshacen con total
impunidad. Es en ese sentido, que las elecciones hondureñas pasarán a la
historia como un ejemplo del accionar imperialista para socavar la
autodeterminación de un pueblo que tiene un gobierno que ha beneficiado a los
más humildes, y que más allá de algunos errores de comunicación sobre los
logros realizados, ha podido poner en pie, hasta este oscuro presente, un país
al que siempre EE.UU consideró como su portaviones en Centroamérica LIBRE y su
devenir Trump no estuvo solo en su afán golpista.
Volviendo
al dichoso TREP, lo políticamente lógico es que si se sabía de antemano que por
allí vendría la trampa no habría que haberlo avalado sentando en la mesa al
consejero de LIBRE, ya que al leerse los resultados, sospechosamente abultados
para la dupla bipartidista, no se debería haber convalidado la manipulación.
Pero eso también ocurre porque al progresismo, en general, ya se ha viste en el
continente, le cuesta mostrar agallas antes quienes lo agreden, y casi siempre
son arrollados por su tibieza. En una ocasión similar, el ejemplo de Venezuela
y su gobierno revolucionario, está en las antípodas. De ninguna manera hubieran
aceptado semejante ataque a la autodeterminación de un pueblo. Es un ejemplo
pero sirve tenerlo en cuenta porque seguramente vendrán nuevas maniobras
parecidas.
Otro
error de L I B R E fue la no comparecencia pública de su candidata, esa misma
noche del domingo, para denunciar lo ocurrido. Hay situaciones que no se
arreglan con twits ni con comunicados, y esta era una de ellas. Dar la cara y
convocar al pueblo a cumplir con la consigna de «defender el voto», a pie de las
urnas o en las calles, algo que se había repetido hasta el cansancio en los
momentos previos a la elección, hubiera sido más que necesario. Pero no
ocurrió, y solo a la noche siguiente, Rixi Moncada explicó en conferencia de
prensa que están en discusión más de 16 mil actas, que sumarían más de 500 mil
votos. Evidentemente afectada por todo lo ocurrido, Rixi no dejó de expresar
que «la lucha continúa». Lo mismo hizo el máximo referente de LIBRE, Mel
Zelaya. Y 48 horas después del anuncio preliminar, el consejero Marlon Ochoa,
dio más detalles de lo que sin duda es un fraude, al advertir que fallas en el
sistema biométrico y la retención de miles de actas comprometen la
transparencia y la integridad de los resultados. Frente a este panorama no se
escuchan voces internacionales que en su momento se desgañitaron gritando que
el gobierno venezolano «muestre las actas» de la elección que consagró a
Maduro. Hasta para las actas existe la lucha de clases, al parecer unas son más
preciadas que otras.
Ahora
habrá que ver cuál es realmente el potencial a nivel de movilización de masas
que tiene LIBRE para afrontar una situación tan difícil como la que le han
impuesto sus enemigos. En estas ocasiones está probado que más allá de lo que
opinen las cúpulas, hay que darle intervención a los de abajo, esos hombres y
mujeres que pusieron el cuerpo y también los muertos, en las grandes y épicas
batallas de la Resistencia, cuando el golpe contra Zelaya y posteriormente.
Porque ellos precisamente fueron los que generaron las condiciones para que
Xiomara Castro llegara al gobierno.
Por
último, una reflexión que excede a lo que está ocurriendo en Honduras: Trump y
su estilo fascista de actuación pública, se ha convertido en un peligro para
los pueblos. Sus amenazas de agresión militar a Venezuela, y la repetición de
las maniobras (antes también se hacían pero más solapadamente) para intervenir
en las actividades políticas de cada país, deben ser repudiadas con mucha
fuerza. De no hacerlo, el autoritarismo del imperio seguirá avanzando, y en
muchos casos contando en lo que hace a la vía electoral, con la anuencia, no
solo de oligarquías locales, sino también de sectores sociales que son los
primeros en sufrir las desagradables consecuencias de un genocidio social.
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