Ociel Alí López
RT
24 dic 2025
Con
las últimas decisiones de Washington —como la interceptación de dos cargueros
de petróleo venezolano, la presencia militar en Ecuador, sin fecha de salida, y
el nombramiento de un enviado especial para Groenlandia— el presidente de
EE.UU., Donald Trump, acelera el giro estratégico de "reconquista"
hacia el continente americano.
La
nueva Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) de EE.UU., publicada el 4 de
diciembre, y cuyo marco conceptual se basa en retomar la Doctrina Monroe, pero
ahora desde el "corolario Trump", avanza rápidamente produciendo
nuevos acontecimientos que van modificando el rostro geopolítico, especialmente
en el continente americano.
En
teoría, las ESN son documentos marco que cada gestión presidencial reescribe y
que terminan ordenando la planificación militar y diplomática, definiendo
enemigos, redirigiendo el desarrollo tecnológico y energético, así como
garantizando las propias cadenas de suministro o entorpeciendo las de sus
adversarios.
Con
su nueva estrategia, la potencia del norte deja de actuar como el "policía
del mundo" que ha sido durante este siglo y la última década del pasado,
para pasar a desempeñar el rol de "capataz del continente".
En
concreto, la de 2025 peca de sincera por varias razones. Primero, porque devela
objetivos claros de apropiación de riquezas en todo el continente americano por
diversas vías: diplomáticas, militares e incluso mediante la intervención en
procesos políticos de cada país. Por otro lado, también es brutalmente honesta
en el sentido de que asume que su objetivo central se concentrará en América.
De
este modo, la potencia del norte deja de actuar como el "policía del
mundo" que ha sido durante este siglo y la última década del pasado, para
pasar a desempeñar el rol de "capataz del continente". Es decir,
asume su debilidad global y fija la mirada de acero en los territorios
contiguos a su Estado-nación.
No
es solo Venezuela
Todavía
es temprano para evaluar la respuesta que podría recibir de parte del resto del
mundo, que ya comienza a verse afectado. Por el momento, lo que puede hacerse
es describir los pasos de esta nueva política. El primero de ellos apunta a
Venezuela.
Así
como el documento sincera el nuevo orden mundial, el discurso de Trump hacia el
país caribeño se ha vuelto más transparente en los últimos días: ha pasado del
argumento del narcotráfico a uno abiertamente explícito sobre sus pretensiones
respecto al petróleo venezolano.
Así
como el documento sincera el nuevo orden mundial, el discurso de Trump hacia el
país caribeño se ha vuelto más transparente en los últimos días: ha pasado del
argumento del narcotráfico a uno abiertamente explícito sobre sus pretensiones
respecto al petróleo venezolano. Y lo ha hecho, si bien sin tomar aún pozos o
refinerías, sí interceptando, abordando e incluso expropiando cargueros de
petróleo que entraban o salían de sus puertos, en lo que puede calificarse como
un bloqueo naval petrolero.
El
afectado directo es Venezuela, pero los indirectos son quienes compran su
petróleo. Es decir, tal como lo establece el documento, el objetivo subyacente
es cortar las líneas de abastecimiento de China, Rusia y otros países que
compran o comercializan crudo venezolano, o que venden los diluyentes
necesarios para su refinación. Según medios estadounidenses, el segundo barco
interceptado este sábado, el Centuries, ya transportaba petróleo venezolano
adquirido por un comerciante chino.
En paralelo, existen reportes y videos que parecen demostrar que el petróleo venezolano exportado por Chevron fluye con normalidad hacia puertos estadounidenses. Así, el problema no parecería ser el petróleo venezolano en sí ni el financiamiento del gobierno de ese país, sino el destino final del crudo.
Presencia
en Manta
Para
comprender que el foco no es únicamente Venezuela, el miércoles de la semana
pasada arribaron las primeras aeronaves militares estadounidenses a la base de
Manta, en Ecuador. La canciller Gabriela Sommerfeld reconoció que la base
estará operativa hasta que "se cumplan los objetivos de ambas
naciones", lo que puede interpretarse como un período de operaciones
indefinido y arbitrario, pese a que el 16 de noviembre, en una consulta
convocada por el propio presidente Daniel Noboa, el 60,5 % de los ecuatorianos
votaron "No" a una pregunta sobre la reinstalación de bases militares
extranjeras, prohibidas expresamente por la Constitución.
El
significante sacralizado de la democracia —tan utilizado en cruzadas
anteriores— ha sido borrado del relato de Washington y de sus países aliados.
Las razones ahora son otras.
Tras
ese resultado, Noboa ha viajado en dos ocasiones a EE.UU. La embajada
estadounidense en Quito dio la "bienvenida al personal de la Fuerza
Aérea" de su país a Ecuador. Este dato es clave, porque el significante
sacralizado de la democracia —tan utilizado en cruzadas anteriores— ha sido
borrado del relato de Washington y de sus países aliados. Las razones ahora son
otras.
Y
no se trata solo de Ecuador. El 5 de diciembre, el Congreso de Perú aprobó el
ingreso de tropas estadounidenses al territorio peruano para realizar labores
de cooperación con las Fuerzas Armadas y la policía a partir de enero y durante
todo 2026. Según la ESN, cortar el abastecimiento y la relación comercial entre
el Pacífico suramericano y China figura entre los principales objetivos, debido
al peso estratégico de esta ruta, cuyo centro operativo es el nuevo megapuerto
de Chancay, en Perú.
Groenlandia:
fronteras no ideológicas
Si
no se comprenden los alcances del nuevo corolario Trump y del renovado lema
"América para los americanos" de la doctrina Monroe, estos quedan más
claros con la decisión tomada por Trump el domingo: nombrar al gobernador
republicano de Luisiana, Jeff Landry, como enviado especial para Groenlandia,
con el objetivo explícito de integrarla a la estructura administrativa de
EE.UU.
Esta
decisión demuestra que el expansionismo no reconoce fronteras ideológicas.
Considera a todo el continente americano —incluidas colonias europeas— como una
zona de control exclusivo de Washington, lo que no solo desafía a adversarios
tradicionales como Rusia, China o Irán, sino que abre profundas grietas
diplomáticas con Dinamarca y la Unión Europea. Cualquier territorio del
hemisferio occidental pasa a ser un activo estratégico que debe ser
subordinado, eliminando vestigios de autonomía regional o nacional.
Dinamarca
ya ha reaccionado. El ministro de Asuntos Exteriores, Lars Løkke Rasmussen,
declaró sentirse "profundamente disgustado" y convocó al embajador
estadounidense. Por su parte, el portavoz de Asuntos Exteriores de la Comisión
Europea, Anouar El Anouni, afirmó que "preservar la integridad del Reino
de Dinamarca, su soberanía y la inviolabilidad de sus fronteras es esencial
para la Unión Europea", sin precisar qué pasos adicionales podría dar si
Trump persiste en su objetivo.
El
presidente de EE.UU. abre múltiples frentes sin importar quién sea el nuevo
enemigo. Se siente fuerte en América y cree poder controlar el escenario
continental. Hasta ahora, las respuestas han sido diplomáticas o declarativas,
mientras Washington avanza con hechos de carácter bélico. ¿Es posible pensar en
una respuesta conjunta de todos los países afectados? ¿Tiene EE.UU. la
capacidad de subordinar todo el territorio americano antes de que concluya el
mandato de Trump en 2029?
Eso
lo sabremos pronto.

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