LA ESTUPIDEZ CRIMINAL
José Manuel Rodriguez
Por estos aciagos días, alguien desde el
gobierno gringo, señaló que habían diversas formas de negociar doblegando al
otro. Nosotros -decía- lo hacemos bombardeando...
Y sobre esto no debería haber dudas. Para cualquier ciudadano medianamente
pensante en cualquier país del mundo, tal política es la insólita y nefasta
política gringa.
En realidad no es nada insólita, la historia de la nación norteamericana nos
muestra, abundantemente, su agresividad para desconocer la soberanía del
resto de las naciones. Eso define mejor que nada el talante imperial que los
guía. Así ha ocurrido a lo largo de sus dos siglos y medio de existencia. Según
su filial Wikipedia, son más de 330 las intervenciones armadas en alrededor de
48 países, la cuarta parte de los países del mundo. Sin contar el exterminio de
las naciones indígenas en su propio país.
No
se trata del "loco" Trump. En esos dos siglos y medio han tenido 47
presidentes, pudiéramos decir que cada uno de ellos fue responsable de, al
menos, 7 de estas intervenciones armadas. Estamos frente a una asombrosa
cultura colectiva de la violencia. Ella ha convertido a millones de jóvenes,
potenciados por la droga, en asesinos. Son los que levanta con orgullo una
bandera que, en vez de estrellas, debería tener calaveras.
Lo
anterior es lo más atroz de la sombría historia de este extenso, agresivo y
criminal imperio que ha convertido a generaciones de jóvenes, crédulos del
sueño americano, en enajenados drogomanos seguidores de esa ideología que tiene
como ariete un modelo de gobierno empresarial -considerado por ellos el propio-
que controla los mercados internacionales. ¿Cómo diablos pueden suceder tales
cosas?
Su
fuerza militar, la mayor del mundo, es impulsada por el capital que produce,
controla y mueve los medios de información, comunicación y entretenimiento en
todo el mundo occidental, del norte y del sur. Hablo de esa excreción judía
que, más allá de un lobby, naricea a la sombra, a ese Estado. Ellos deciden
cómo golpear y a quienes, cuando sus intereses así lo consideren necesario.
Lo vimos en Venezuela. Fue
un asalto para torcernos el brazo y obligarnos por las malas a negociar con ellos.
Tal cosa no es un asunto de interpretación. Nos han llevado, con el secuestro
del presidente y su esposa, a aceptar la Executive Order 14373 como
si fuera un hecho divino. ¡Por favor! dejémonos de carantoñas con nuestros
agresores. Aquí no hay amistad que valga. Sólo, y con dificultad, relaciones de
Estado. <>
No hay comentarios:
Publicar un comentario