Ámbito Perú

sábado, mayo 30, 2026

ECON0MIA Y SOCIEDAD

 ¿CÓMO CRITICAN LOS ECONOMISTAS AL NEOLIBERALISMO?

Helbert Rondón Castro

Cuando se habla de neoliberalismo, muchas veces el debate se vuelve ideológico y aparecen caricaturas de ambos lados. Sin embargo, varios economistas muy reconocidos han formulado críticas serias y técnicas que vale la pena conocer.

Lo primero que hay que entender es que la mayoría de estos críticos no están en contra de los mercados. De hecho, muchos reconocen que los mercados son herramientas poderosas para generar riqueza, innovación y crecimiento. Lo que cuestionan es la idea de que los mercados, por sí solos, siempre conduzcan al mejor resultado posible para la sociedad.

Uno de los temas más discutidos es la desigualdad. El premio Nobel Joseph Stiglitz sostiene que los mercados reales están lejos de las condiciones ideales descritas por algunos modelos económicos. Las diferencias de información, de acceso al crédito y de poder económico permiten que ciertos grupos capturen una parte desproporcionada de los beneficios del crecimiento. Por ello, una economía puede expandirse y, al mismo tiempo, producir una distribución cada vez más desigual de la riqueza.

Otro economista que ha contribuido a este debate es Thomas Piketty. Su investigación histórica sobre la distribución del ingreso lo llevó a concluir que, en ausencia de mecanismos correctivos, la riqueza tiende a concentrarse. Su famosa tesis es que cuando la rentabilidad del capital supera persistentemente el crecimiento de la economía, quienes ya poseen grandes patrimonios aumentan su participación en la riqueza nacional más rápido que el resto de la población.

La estabilidad financiera constituye otro punto central de crítica. El economista Hyman Minsky argumentaba que los mercados financieros son inherentemente inestables. Según él, los períodos prolongados de prosperidad generan optimismo excesivo, lo que lleva a empresas e inversionistas a asumir riesgos crecientes. En consecuencia, las crisis no son accidentes excepcionales sino fenómenos que pueden surgir de la propia dinámica del sistema financiero.

Pero quizás una de las críticas más interesantes proviene de Dani Rodrik. Rodrik cuestiona la idea de que exista una fórmula universal de desarrollo basada únicamente en la liberalización económica. Al estudiar la experiencia de numerosos países, observó que aquellos que lograron industrializarse con éxito —desde Europa occidental hasta varios países asiáticos— combinaron mercados con una intervención estatal significativa.

Rodrik suele insistir en que los mercados necesitan instituciones. Los derechos de propiedad, los tribunales, los sistemas educativos, las agencias reguladoras y las políticas públicas no son elementos externos al mercado; son condiciones que permiten que el mercado funcione. En una frase que resume buena parte de su pensamiento, podría decirse que no pregunta "¿más mercado o más Estado?", sino "¿qué combinación institucional permite que los mercados generen prosperidad compartida?".

Un ejemplo que Rodrik menciona frecuentemente es el de los llamados "tigres asiáticos", especialmente Corea del Sur y Taiwán. Estos países no se desarrollaron mediante una aplicación pura de principios neoliberales. Sus gobiernos protegieron industrias estratégicas, promovieron exportaciones, dirigieron crédito e invirtieron fuertemente en educación y tecnología. Para Rodrik, la historia económica muestra que el desarrollo exitoso suele ser el resultado de una colaboración compleja entre Estado y mercado.

Una crítica relacionada proviene de Mariana Mazzucato. Ella sostiene que el Estado no solo corrige fallas de mercado, sino que frecuentemente crea mercados nuevos. Destaca que muchas de las tecnologías que hoy asociamos con empresas privadas innovadoras —internet, GPS, pantallas táctiles y numerosos avances biomédicos— fueron financiadas inicialmente por programas públicos de investigación. Desde esta perspectiva, el Estado no es simplemente un árbitro; también puede actuar como emprendedor e impulsor de innovación.

Por otra parte, economistas como Amartya Sen introducen una dimensión más amplia. Sen argumenta que el desarrollo no debe medirse únicamente por el crecimiento del producto interno bruto. Lo fundamental es ampliar las capacidades reales de las personas: vivir una vida saludable, acceder a educación de calidad, participar en la sociedad y ejercer libertades efectivas. Una economía puede crecer rápidamente y, sin embargo, fracasar en mejorar estas capacidades humanas fundamentales.

En conjunto, estas críticas apuntan hacia una misma conclusión. Los mercados son instituciones extraordinariamente útiles para coordinar actividades económicas, pero no operan en el vacío. Requieren reglas, instituciones, regulación y políticas públicas que orienten sus resultados. La cuestión central para estos economistas no es elegir entre mercado y Estado, sino comprender cómo ambos pueden complementarse para generar crecimiento, innovación, estabilidad y bienestar social. ><

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