¿CÓMO CRITICAN LOS ECONOMISTAS AL NEOLIBERALISMO?
Helbert Rondón Castro
Cuando se habla de neoliberalismo, muchas veces el debate se
vuelve ideológico y aparecen caricaturas de ambos lados. Sin embargo, varios
economistas muy reconocidos han formulado críticas serias y técnicas que vale
la pena conocer.
Lo primero que hay que entender es que la mayoría de estos
críticos no están en contra de los mercados. De hecho, muchos reconocen que los
mercados son herramientas poderosas para generar riqueza, innovación y
crecimiento. Lo que cuestionan es la idea de que los mercados, por sí solos,
siempre conduzcan al mejor resultado posible para la sociedad.
Uno de los temas más discutidos es la desigualdad. El premio
Nobel Joseph Stiglitz sostiene que los mercados reales están lejos de las
condiciones ideales descritas por algunos modelos económicos. Las diferencias
de información, de acceso al crédito y de poder económico permiten que ciertos
grupos capturen una parte desproporcionada de los beneficios del crecimiento.
Por ello, una economía puede expandirse y, al mismo tiempo, producir una
distribución cada vez más desigual de la riqueza.
Otro economista que ha contribuido a este debate es Thomas
Piketty. Su investigación histórica sobre la distribución del ingreso lo llevó
a concluir que, en ausencia de mecanismos correctivos, la riqueza tiende a
concentrarse. Su famosa tesis es que cuando la rentabilidad del capital supera
persistentemente el crecimiento de la economía, quienes ya poseen grandes
patrimonios aumentan su participación en la riqueza nacional más rápido que el
resto de la población.
La estabilidad financiera constituye otro punto central de crítica. El economista Hyman Minsky argumentaba que los mercados financieros son inherentemente inestables. Según él, los períodos prolongados de prosperidad generan optimismo excesivo, lo que lleva a empresas e inversionistas a asumir riesgos crecientes. En consecuencia, las crisis no son accidentes excepcionales sino fenómenos que pueden surgir de la propia dinámica del sistema financiero.
Pero quizás una de las críticas más interesantes proviene de
Dani Rodrik. Rodrik cuestiona la idea de que exista una fórmula universal de
desarrollo basada únicamente en la liberalización económica. Al estudiar la
experiencia de numerosos países, observó que aquellos que lograron
industrializarse con éxito —desde Europa occidental hasta varios países
asiáticos— combinaron mercados con una intervención estatal significativa.
Rodrik suele insistir en que los mercados necesitan
instituciones. Los derechos de propiedad, los tribunales, los sistemas
educativos, las agencias reguladoras y las políticas públicas no son elementos
externos al mercado; son condiciones que permiten que el mercado funcione. En
una frase que resume buena parte de su pensamiento, podría decirse que no
pregunta "¿más mercado o más Estado?", sino "¿qué combinación
institucional permite que los mercados generen prosperidad compartida?".
Un ejemplo que Rodrik menciona frecuentemente es el de los
llamados "tigres asiáticos", especialmente Corea del Sur y Taiwán.
Estos países no se desarrollaron mediante una aplicación pura de principios
neoliberales. Sus gobiernos protegieron industrias estratégicas, promovieron
exportaciones, dirigieron crédito e invirtieron fuertemente en educación y
tecnología. Para Rodrik, la historia económica muestra que el desarrollo
exitoso suele ser el resultado de una colaboración compleja entre Estado y
mercado.
Una crítica relacionada proviene de Mariana Mazzucato. Ella
sostiene que el Estado no solo corrige fallas de mercado, sino que
frecuentemente crea mercados nuevos. Destaca que muchas de las tecnologías que
hoy asociamos con empresas privadas innovadoras —internet, GPS, pantallas
táctiles y numerosos avances biomédicos— fueron financiadas inicialmente por
programas públicos de investigación. Desde esta perspectiva, el Estado no es
simplemente un árbitro; también puede actuar como emprendedor e impulsor de innovación.
Por otra parte, economistas como Amartya Sen introducen una
dimensión más amplia. Sen argumenta que el desarrollo no debe medirse
únicamente por el crecimiento del producto interno bruto. Lo fundamental es
ampliar las capacidades reales de las personas: vivir una vida saludable,
acceder a educación de calidad, participar en la sociedad y ejercer libertades
efectivas. Una economía puede crecer rápidamente y, sin embargo, fracasar en
mejorar estas capacidades humanas fundamentales.
En conjunto, estas críticas apuntan hacia una misma
conclusión. Los mercados son instituciones extraordinariamente útiles para
coordinar actividades económicas, pero no operan en el vacío. Requieren reglas,
instituciones, regulación y políticas públicas que orienten sus resultados. La
cuestión central para estos economistas no es elegir entre mercado y Estado,
sino comprender cómo ambos pueden complementarse para generar crecimiento,
innovación, estabilidad y bienestar social. ><

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