SE LE ACABÓ EL AIRE
Rodrigo Núñez Carvallo
Lo de ayer no fue un mitin sino el velorio de cierta
estupidez política, la apología de la piconería estéril, la consumación del
fracaso electoral y el derrumbe psicológico del protagonista.
Por su miopía de clase, por las encuestadoras, por sus
sobones de alquiler, por los sectores A y B y el empresariado que prefiere a
Keiko, por las mentiras que Willax le fabricó por encargo a través de ese
seborreico plumífero a sueldo llamado Beto Ortiz. Al final se quedó solo con
Willax, con Vania Thays, su banda de golpistas y dos mil asistentes claramente
segregados.
A un lado la treponería aspiracional, por el otro una masa
informe de mujeres reclutadas en comedores e iglesias fraudulentas con dádivas
y algún sencillito. Patético todo, comenzando por los discursos y arengas de un
nivel deplorable, una mezcla de hebanjelismo churreta, patriotismo idiota,
golpismo barato, histeria y burdas consignas.
Y encima les cayó el patuto y la mancada. Algún desprevenido
oficial mandó disolver el bullicio a punta de gas pimienta y gases lacrimógenos.
El karma que le dicen, pues Porky apoyó la bruta represión de comienzos del
2023. El sueño se acabó, El morrocoy se fue al cacho, Su vulgaridad se disolvió
como los asistentes que en su pinche vida percibieron los ojos inyectados, la
picazón de la garganta y las lágrimas del caimán.
Adiós Porky, has hecho el mayor ridículo electoral de los
últimos cincuenta años. De lo que nos hemos librado, de un borracho sin ideas,
de un violento generador de caos, de un obtuso y feo cerdito fofo y desquiciado
que se creyó jabalí.

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