Ámbito Perú

jueves, mayo 14, 2026

TRUMP Y GRANDES EMPRESARIOS USA, VISITAN CHINA. OPINIONES POR EL HECHO DE ESPECTACION MUNDIAL

 ADIÓS AL IMPERIALISMO OBSOLETO...

DONALD TRUMP Y SUS INDIVIDUALISTAS SE HAN DADO UN BAÑO DE CULTURA CIVILIZADA.

Simón Bolívar Nina

La sola posibilidad de que una reunión entre Donald Trump y las autoridades de China pueda alterar viejos esquemas geopolíticos ya es, en sí misma un acontecimiento histórico digno de análisis profundo. No necesariamente porque exista una intención explícita de desmontar estructuras imperiales, sino porque las dinámicas del poder mundial han comenzado a mutar de forma irreversible.

Lo interesante del momento actual es que el llamado “imperialismo clásico” parece enfrentar un desgaste estructural, ya no funciona con la misma facilidad de otras épocas. La lógica de imponer unilateralmente sanciones, bloqueos, invasiones o hegemonías económicas sin generar consecuencias globales, es cosa del pasado.

El mundo dejó de ser unipolar, aunque algunos sectores aún actúen como si no lo hubieran comprendido... y es ahí donde el "obsoletismo" sale a relucir con métodos de dominación diseñados para un siglo que ya terminó... y

un poder que intenta conservar formas antiguas de control en una realidad completamente distinta, donde existen nuevas alianzas financieras, tecnologías descentralizadas, comercio multipolar y sociedades más informadas, aunque aveces con falsas narrativas.

Durante décadas se construyó una narrativa ideológica rígida contra el comunismo, mientras simultáneamente la economía occidental terminaba dependiendo profundamente de la manufactura comunista, del crédito y los mercados chinos. Eso evidencia que las doctrinas absolutas suelen ceder cuando chocan contra los intereses económicos de una realidad social global.

Por eso una eventual aproximación pragmática entre Washington y Beijing podría tener efectos mucho más amplios que un simple acuerdo comercial.... Podría simbolizar el reconocimiento tácito de que la confrontación permanente ya no garantiza liderazgo ni estabilidad... y si eso ocurre, muchas estructuras políticas basadas en enemigos eternos comenzarían a perder legitimidad, como está pasando con Cuba.

También es posible que estemos entrando en una etapa donde las naciones ya no puedan sostener imperios tradicionales porque el costo económico, militar y social se vuelve insoportable incluso para las grandes potencias. Las guerras modernas destruyen recursos, fracturan sociedades y generan crisis internas en los propios países dominantes...

Es cuando entonces El Imperio empieza a derrumbarse... o "agotarse desde adentro".

Sin embargo, conviene observar el fenómeno con prudencia intelectual... Los sistemas de poder no necesariamente

desaparecen; más bien se transforman.

El riesgo es que el viejo imperialismo militar sea sustituido por nuevas formas de control tecnológico, financiero o digital, quizás menos visibles, pero igualmente influyentes.

La historia demuestra que ningún modelo de dominación es eterno. Lo que hoy parece indestructible mañana puede convertirse en una reliquia política... y quizás ese sea el aspecto más trascendente de esta época y muy en especial de esta reunión en China...

El mundo comienza a discutir no solo quién manda, sino si todavía es viable que alguien pretenda mandar sobre todos... eso es totalmente absurdo... Donald Trump.




LA “TRAMPA DE TUCÍDIDES”

Y EL PELIGRO QUE ACECHA AL PERÚ

XI JING PING, TRUMP Y UNA LECCIÓN PARA EL FUTURO DEL PERÚ.

Por Hugo Otero Lanzarotti

La llamada “trampa de Tucídides” volvió a ocupar el centro del debate mundial cuando el presidente chino Xi Jinping le dijo en Pekín al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, sentados ambos frente a frente, que sus países debían ser capaces de superar esa peligrosa lógica histórica para alcanzar el entendimiento.

La escena fue observada por millones de personas en todo el planeta. Y muchos se preguntaron qué significa exactamente esa expresión. La “trampa de Tucídides” toma su nombre del historiador griego Tucídides, quien explicó que el ascenso de Atenas y el temor que este provocó en Esparta hicieron inevitable la guerra entre ambas potencias. Desde entonces, el concepto se utiliza para describir el riesgo de confrontación que surge cuando una potencia emergente amenaza con desplazar a otra dominante.

Xi Jinping utilizó esa idea para advertir que China y Estados Unidos enfrentan el desafío histórico de entenderse y coexistir, en lugar de arrastrar al mundo hacia una confrontación destructiva. No hablaba solo del destino de dos grandes potencias, sino de la responsabilidad que tienen frente a la humanidad.

Esa reflexión, aunque nacida en el escenario de la geopolítica mundial, también puede ayudarnos a comprender la profunda crisis que atraviesa el Perú. Nuestro país vive hoy una confrontación cada vez más peligrosa entre un viejo orden que se resiste a perder el control y una nueva sociedad que emerge reclamando representación, dignidad y poder político.

La disputa ya no es únicamente electoral. Debajo de ella se mueven tensiones sociales, culturales y económicas acumuladas durante décadas. Y allí aparece también nuestra propia “trampa de Tucídides”: el riesgo de que el miedo, el odio y la incapacidad de entendimiento empujen al país hacia escenarios extremos, como ya anuncian irresponsablemente algunos sectores que hablan de golpe de Estado, violencia o guerra civil.

Sin embargo, la historia no está escrita de antemano. Precisamente la enseñanza más importante de esa conversación en Pekín es que incluso las confrontaciones más complejas pueden encontrar caminos de entendimiento cuando existe lucidez política, responsabilidad histórica y voluntad de preservar la nación.

El destino del Perú está por encima de cualquier candidatura, partido o disputa inmediata. Está en juego la convivencia de 37 millones de peruanos que, pese a todas sus diferencias, no quieren renunciar a la unidad de su patria ni ver a su país arrastrado hacia el caos y la destrucción.

Mientras Xi Jinping hablaba con serenidad y franqueza, Donald Trump escuchaba y asentía. Esa imagen poderosa recorrió el mundo transmitiendo una sensación de prudencia y esperanza en tiempos marcados por guerras y polarización. Frente a ella, los peruanos también tenemos derecho a preguntarnos: ¿serán capaces nuestros dirigentes de actuar con la misma sensatez histórica? ¿Podrán entender que el desafío no es destruir al adversario, sino salvar juntos el futuro del Perú?


 

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