ADIÓS AL IMPERIALISMO OBSOLETO...
DONALD TRUMP Y SUS INDIVIDUALISTAS SE HAN DADO UN BAÑO DE
CULTURA CIVILIZADA.
Simón Bolívar Nina
La sola posibilidad de que una reunión entre Donald Trump y
las autoridades de China pueda alterar viejos esquemas geopolíticos ya es, en
sí misma un acontecimiento histórico digno de análisis profundo. No
necesariamente porque exista una intención explícita de desmontar estructuras
imperiales, sino porque las dinámicas del poder mundial han comenzado a mutar
de forma irreversible.
Lo interesante del momento actual es que el llamado
“imperialismo clásico” parece enfrentar un desgaste estructural, ya no funciona
con la misma facilidad de otras épocas. La lógica de imponer unilateralmente
sanciones, bloqueos, invasiones o hegemonías económicas sin generar
consecuencias globales, es cosa del pasado.
El mundo dejó de ser unipolar, aunque algunos sectores aún
actúen como si no lo hubieran comprendido... y es ahí donde el
"obsoletismo" sale a relucir con métodos de dominación diseñados para
un siglo que ya terminó... y
un poder que intenta conservar formas antiguas de control en
una realidad completamente distinta, donde existen nuevas alianzas financieras,
tecnologías descentralizadas, comercio multipolar y sociedades más informadas,
aunque aveces con falsas narrativas.
Durante décadas se construyó una narrativa ideológica rígida
contra el comunismo, mientras simultáneamente la economía occidental terminaba
dependiendo profundamente de la manufactura comunista, del crédito y los
mercados chinos. Eso evidencia que las doctrinas absolutas suelen ceder cuando
chocan contra los intereses económicos de una realidad social global.
Por eso una eventual aproximación pragmática entre
Washington y Beijing podría tener efectos mucho más amplios que un simple
acuerdo comercial.... Podría simbolizar el reconocimiento tácito de que la
confrontación permanente ya no garantiza liderazgo ni estabilidad... y si eso
ocurre, muchas estructuras políticas basadas en enemigos eternos comenzarían a
perder legitimidad, como está pasando con Cuba.
También es posible que estemos entrando en una etapa donde
las naciones ya no puedan sostener imperios tradicionales porque el costo
económico, militar y social se vuelve insoportable incluso para las grandes
potencias. Las guerras modernas destruyen recursos, fracturan sociedades y
generan crisis internas en los propios países dominantes...
Es cuando entonces El Imperio empieza a derrumbarse... o
"agotarse desde adentro".
Sin embargo, conviene observar el fenómeno con prudencia
intelectual... Los sistemas de poder no necesariamente
desaparecen; más bien se transforman.
El riesgo es que el viejo imperialismo militar sea
sustituido por nuevas formas de control tecnológico, financiero o digital,
quizás menos visibles, pero igualmente influyentes.
La historia demuestra que ningún modelo de dominación es
eterno. Lo que hoy parece indestructible mañana puede convertirse en una
reliquia política... y quizás ese sea el aspecto más trascendente de esta época
y muy en especial de esta reunión en China...
El mundo comienza a discutir no solo quién manda, sino si
todavía es viable que alguien pretenda mandar sobre todos... eso es totalmente
absurdo... Donald Trump.
LA
“TRAMPA DE TUCÍDIDES”
Y
EL PELIGRO QUE ACECHA AL PERÚ
XI JING PING, TRUMP Y UNA LECCIÓN PARA EL FUTURO DEL PERÚ.
Por Hugo Otero
Lanzarotti
La llamada “trampa de Tucídides” volvió a ocupar el centro
del debate mundial cuando el presidente chino Xi Jinping le dijo en Pekín al
presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, sentados ambos frente a frente,
que sus países debían ser capaces de superar esa peligrosa lógica histórica
para alcanzar el entendimiento.
La escena fue observada por millones de personas en todo el
planeta. Y muchos se preguntaron qué significa exactamente esa expresión. La
“trampa de Tucídides” toma su nombre del historiador griego Tucídides, quien
explicó que el ascenso de Atenas y el temor que este provocó en Esparta
hicieron inevitable la guerra entre ambas potencias. Desde entonces, el
concepto se utiliza para describir el riesgo de confrontación que surge cuando
una potencia emergente amenaza con desplazar a otra dominante.
Xi Jinping utilizó esa idea para advertir que China y
Estados Unidos enfrentan el desafío histórico de entenderse y coexistir, en
lugar de arrastrar al mundo hacia una confrontación destructiva. No hablaba
solo del destino de dos grandes potencias, sino de la responsabilidad que
tienen frente a la humanidad.
Esa reflexión, aunque nacida en el escenario de la
geopolítica mundial, también puede ayudarnos a comprender la profunda crisis
que atraviesa el Perú. Nuestro país vive hoy una confrontación cada vez más
peligrosa entre un viejo orden que se resiste a perder el control y una nueva
sociedad que emerge reclamando representación, dignidad y poder político.
La disputa ya no es únicamente electoral. Debajo de ella se
mueven tensiones sociales, culturales y económicas acumuladas durante décadas.
Y allí aparece también nuestra propia “trampa de Tucídides”: el riesgo de que
el miedo, el odio y la incapacidad de entendimiento empujen al país hacia
escenarios extremos, como ya anuncian irresponsablemente algunos sectores que
hablan de golpe de Estado, violencia o guerra civil.
Sin embargo, la historia no está escrita de antemano.
Precisamente la enseñanza más importante de esa conversación en Pekín es que
incluso las confrontaciones más complejas pueden encontrar caminos de
entendimiento cuando existe lucidez política, responsabilidad histórica y
voluntad de preservar la nación.
El destino del Perú está por encima de cualquier
candidatura, partido o disputa inmediata. Está en juego la convivencia de 37
millones de peruanos que, pese a todas sus diferencias, no quieren renunciar a
la unidad de su patria ni ver a su país arrastrado hacia el caos y la
destrucción.
Mientras Xi Jinping hablaba con serenidad y franqueza,
Donald Trump escuchaba y asentía. Esa imagen poderosa recorrió el mundo
transmitiendo una sensación de prudencia y esperanza en tiempos marcados por
guerras y polarización. Frente a ella, los peruanos también tenemos derecho a
preguntarnos: ¿serán capaces nuestros dirigentes de actuar con la misma
sensatez histórica? ¿Podrán entender que el desafío no es destruir al
adversario, sino salvar juntos el futuro del Perú?
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