Por: Lidia Falcón
27 de diciembre de 2025
EEUU ha secuestrado otro barco petrolero venezolano en pleno
océano. Impunemente.
Como sabe que puede hacerlo porque la llamada “comunidad
internacional”, compuesta por los más ricos e influyentes países democráticos,
entre los que naturalmente se encuentran los de la Unión Europea, se lo
consienten. Los que detentan el poder político económico en el imperio
estadounidense son absolutamente libres de llevar a cabo las mayores tropelías
sin consecuencias para ellos.
No solo Venezuela ha sido siempre el “patio trasero” de
EEUU, con el consentimiento del Reino Unido, Francia, Alemania, España etc.
etc., sino que desde que se declaró independiente, libre y bolivariana, cuando
la revolución de Chávez, su gobierno y su pueblo, está asediado y perseguido,
como el de Cuba, por el imperio estadounidense que pretende recuperar el
dominio que tenía sobre Venezuela en el siglo pasado. En ese hermoso país, de
clima deseable y magníficos paisajes, tiene infinitas riquezas: oro, diamantes,
metales, y, sobre todo acumula las reservas de petróleo más grandes del
mundo. Y de minerales varios, ahora llamados tierras raras, lo que hacen
su territorio enormemente deseable para las fuerzas colonialistas que gobiernan
Estados Unidos.
El designio de Donald Trump es hacerse nuevamente con la
extracción de las riquezas venezolanas. Objetivo evidente que no es ni siquiera
mencionado por la casta fascista no sólo estadounidense sino de la ultraderecha
venezolana, comandada por la incompetente María Corina Machado, que ha escogido
para representar a la oligarquía venezolana que pretende hacerse nuevamente con
las riquezas del país, enormemente disgustada por la nacionalización que llevó
a cabo Chávez, y que apela a la democracia -palabra ya fetiche- para justificar
el acoso a que lleva sometiendo al país sudamericano más de veinte años, con la
complacencia de la Unión Europea y de las fuerzas reaccionarias de España,
dispuestas a repartirse los beneficios que les deje EEUU.
En consecuencia, sobre los actos de piratería que está
cometiendo Trump no se oyen más críticas que las que publica la izquierda
española e internacional. Los gobiernos “democráticos” de los países europeos
se inhiben o pasan a formar el coro que jalea al emperador del mundo,
convertida la UE en su lacayo.
Es la primera vez en la historia del desarrollo económico
del planeta que los gobiernos de los países más adelantados no condenan los
actos de piratería de otra potencia. La prohibición internacional de la
piratería marítima se consolidó formalmente en el siglo XX, aunque su
persecución como un crimen contra el derecho de gentes (hostis humani generis o
enemigo de la humanidad) existe desde siglos antes.
Aquí están los hitos clave:
- Primeras
normativas (Siglo XVII-XVIII): Aunque no era una prohibición
«internacional» unificada, potencias como Inglaterra aprobaron leyes
(ej. Ley de Piratería de 1698) para perseguirla activamente.
- Declaración
de París (1856): Abolió la «patente de corso» (privateering),
un paso fundamental para diferenciar la guerra naval legítima de la
piratería ilegal.
- Convención
de Ginebra sobre Alta Mar (1958): Estableció la definición
moderna y la obligación de todos los estados de cooperar en la represión
de la piratería en alta mar.
- Convención
de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CNUDM/UNCLOS 1982): Es
el marco legal actual y definitivo. Define la piratería en su artículo 101
y establece la jurisdicción universal (cualquier Estado puede detener y
juzgar a piratas) en el artículo 105.
Resumen: La prohibición internacional moderna
quedó establecida legalmente por la Convención de Ginebra de 1958 y
ratificada por la CNUDM de 1982.
LA PIRATERÍA COMO CRIMEN INTERNACIONAL – 15 ene 2012 — ■ La Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. Y sin embargo observamos cómo ni el gobierno español ni la Comisión europea han reaccionado a los secuestros de ya dos barcos petroleros venezolanos en alta mar por la escuadra noreamericana.
En este primer tramo del siglo XXI nos encontramos con que
ninguna de las legislaciones aprobadas en siglos anteriores contra las
violaciones de las leyes marítimas internacionales se cumple ni motiva la
reacción de los gobiernos de las naciones llamadas democráticas.
Después de soportar decenas de años que la propaganda de
EEUU, corroborada por la de España y la UE, tache de dictadura el gobierno
venezolano, mientras es el de Estados Unidos el que comete actos de agresión,
de expolio, de piratería, abonados por una propaganda infame plagada de
falsedades y amenazas, como desde el nazismo no habíamos soportado. No se ha
conocido en varios siglos que un país que presume de ser el primero de haber
implantado la democracia se crea con derecho a asaltar los barcos de otro sin
declaración de guerra, ante la tolerancia delictiva del resto de los países. No
se sabe que Naciones Unidas se disponga a reunirse para analizar y condenar
estas agresiones, después de medio siglo de creación de la Organización de
Naciones Unidas, de que un país ataque militarmente a otro, ante la expectación
de todos los demás, sin que se produzca ni aún una modosa declaración de
condena.
Solamente en los tiempos del Imperio Romano podía producirse
una situación semejante. ¿El gobierno de España se pronunciará por fin sobre
estos hechos? Y ¿qué piensan las organizaciones políticas que presumen de ser
de izquierda y que además forman parte del gobierno? ¿En qué momento de
parálisis y de miedo estamos, semejante solamente a los años previos a la II
Guerra Mundial cuando se le permitió a Hitler ocupar los territorios vecinos y
esclavizar a sus habitantes?
¿Qué clase de época es la que estamos viviendo en que ni los
gobiernos, ni los partidos, ni los sindicatos ni la sociedad civil reacciona
ante los hechos de barbarie que protagoniza el emperador el mundo Donald
Trump?
Fuente: Elcomún.es








